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¿Y si el futuro de la agricultura comenzara por la piel de una patata?

Por Julia Álvarez García

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con Israel
Las patatas son uno de los productos que más importamos de Israel

La industria agrícola enfrenta una encrucijada crítica. Con las amenazas del cambio climático, las crisis alimentarias y la inseguridad en el suministro, la innovación tecnológica es la clave para asegurar el futuro de la alimentación mundial. 

Por Julia Álvarez García, periodista

Tecnologías como el innovador injerto de piel 2S1® de KeyGene abren nuevas posibilidades para adaptar los cultivos a un clima cada vez más extremo.

Hablamos con Jeroen Stuurman, investigador de KeyGene, sobre cómo innovaciones como el injerto de piel podría contribuir a redefinir la producción agrícola en plena crisis climática. También abordamos los desafíos en torno a la percepción social de estas tecnologías y la urgente necesidad de un acceso equitativo a estas innovaciones en los países del hemisferio sur.

De la necesidad, nace la innovación

Imagen del proceso de injerto entre dos variedades de patata. En la zona de unión, comienzan a crecer brotes que combinan el interior de una de las variedades con la piel de la otra.

La idea detrás de la tecnología 2S1® nació de una necesidad urgente en la agricultura. “Muchos de los rasgos más valiosos de las patatas, como la resistencia a sequías, enfermedades o el calor extremo, se encuentran en variedades silvestres no comestibles. La solución fue aplicar un enfoque innovador: “En lugar de modificar la patata, lo que hicimos fue hacerlo en la piel de la patata. Fue una técnica de injerto que nunca antes se había usado de esta manera, y tardó alrededor de 5 a 6 años para hacerla eficiente”.

La creación de este injerto demuestra que puede ser posible modificar la piel de la patata mediante técnicas no genéticas, como el injerto dando lugar a una nueva piel en toda la parte aérea de la planta, incluida la tuberosa. Esta prueba de concepto valida que el método funciona para alterar características externas de la patata.

Este avance, respaldado por derechos de obtentor —una forma de patente que permite su comercialización y nuevas formas de innovación no solo representa un logro técnico, sino también un ejemplo de cómo el conocimiento ancestral del injerto puede potenciarse con el apoyo de la ciencia moderna.

Hacia un futuro más resiliente: la promesa de los super cultivos 

Uno de los aspectos más emocionantes de esta tecnología es su potencial para adaptarse a diversas condiciones climáticas. Stuurman señala que “la tecnología 2S1® podría proponer una forma de adaptación climática, permitiendo que cultivos que normalmente no crecerían en lugares como España puedan ser más resistentes”. En un país como España, donde las sequías, DANAS y las olas de calor son cada vez más frecuentes, esta tecnología podría ser fundamental para garantizar una producción agrícola estable.

Además, junto al reciente hito científico del desciframiento completo del genoma de la patata, se abre un abanico de posibilidades para crear cultivos más más resistentes, sabrosos y nutritivos. “Esperamos que sea el primer paso hacia una gran revolución. Al combinar el injerto de piel con modificaciones genéticas en el interior de la patata, podemos crear variedades adaptadas a las condiciones climáticas extremas y con características mejoradas como la resistencia a plagas, el sabor o la capacidad de almacenamiento”, menciona Stuurman.

Superar el miedo a la innovación a través de la comunicación

Uno de los grandes retos que enfrentan estos avances no es técnico, sino social. Muchas personas se muestran escépticas ante cualquier palabra que suene a “modificación” o “tecnología” aplicada a los alimentos. Sin embargo, como bien señala el equipo de KeyGene, casi todo lo que comemos hoy ya ha sido modificado —por selección, cruces o injertos— durante siglos. Solo que ahora lo hacemos de manera más precisa y eficiente.

Este desconocimiento genera miedos infundados. Por eso, es clave comunicar con claridad: la técnica del injerto de piel no es invasiva, no es transgénica y no es artificial. Es simplemente una forma mejorada de combinar características que podría favorecen la adaptación al clima, la resistencia a plagas o la conservación postcosecha.

La clave para cambiar esta percepción, según Stuurman, radica en la educación. “Es necesario que los consumidores comprendan que todo lo que comemos hoy es muy diferente de lo que comíamos hace 200 años. Las innovaciones tecnológicas son esenciales para avanzar en la agricultura y asegurar nuestro suministro de alimentos”.

Un futuro inclusivo: acceso a la tecnología en países en desarrollo

Uno de los puntos más delicados es cómo asegurar que estos avances no queden limitados a grandes corporaciones. Desde KeyGene, reconocen que será fundamental diseñar modelos de transferencia tecnológica accesibles y colaborativos. Esto implica trabajar con universidades, pequeños obtentores, gobiernos y organizaciones en países con menor capacidad económica.

“Invertir en estas tecnologías no es solo una cuestión de progreso, es una cuestión de supervivencia,” afirma Jerome. Y no solo en Europa. Si queremos que África, Asia o América Latina puedan garantizar alimentos en contextos climáticos extremos, estas innovaciones deben llegar también allí.

La necesidad urgente de adaptación: un llamado a la acción

La realidad es que el cambio climático está afectando la producción de alimentos en todo el mundo. Como Stuurman menciona: “Lo que tenemos que hacer ahora es desplegar todas las herramientas disponibles para adaptar nuestra agricultura. Si no adoptamos estas tecnologías, los problemas solo se agravarán. Los avances en biotecnología y agricultura de precisión son esenciales para asegurar que podamos seguir alimentando a la población mundial en el futuro”.

La tecnología de injertos de piel, junto con la secuenciación del genoma de la patata y otras innovaciones agrícolas, marcan un paso decisivo hacia una agricultura más resiliente y sostenible. El desarrollo de KeyGene va más allá de un solo cultivo: ya se ha aplicado con éxito en tomates, pimientos, berenjenas e incluso se baraja la posibilidad de emplearse en uvas, abriendo la puerta a una nueva generación de supercultivos más resistentes a nuevas condiciones marcadas por el cambio climático.

Ha llegado el momento para que la comunidad global, especialmente las naciones más desarrolladas, lidere en el despliegue y promoción de estas soluciones. Solo así podremos asegurar que las regiones vulnerables estén igualmente preparadas para enfrentar el futuro. Desde la patata hasta la promesa de la agricultura del mañana, el camino a seguir puede comenzar con algo tan sencillo y humilde como una piel.

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