El Congreso Mundial de Semillas 2026, la mayor reunión anual global del sector semillero, concluyó en Lisboa con una participación récord de más de 900 empresas y organizaciones diferentes, y con la elección de la argentina Lorena Basso como la primera mujer presidenta de la ISF en los 102 años de historia de la entidad.
Organizado por la Federación Internacional de Semillas (ISF), el Congreso reunió a más de 1.800 delegados e invitados de 78 países. Bajo el lema “Acciones conjuntas, futuros resilientes”, el evento congregó a empresas semilleras, asociaciones nacionales y regionales de semillas, responsables políticos, investigadores, innovadores, socios de la cadena de valor y líderes de la próxima generación, en un momento en que los impactos climáticos, la inestabilidad geopolítica y las interrupciones comerciales continúan ejerciendo presión sobre los sistemas agroalimentarios mundiales.
“El Congreso Mundial de Semillas en Lisboa ha demostrado que, incluso en un momento de cambios y volatilidad constantes, nuestros miembros, que representan el 96 % del comercio mundial de semillas, están comprometidos a seguir trabajando juntos —entre regiones, cultivos, modelos de negocio y generaciones— para garantizar que los agricultores de todo el mundo tengan acceso a semillas de calidad, apoyando la seguridad alimentaria y nutricional y ayudando a construir sistemas alimentarios resilientes para el futuro”, afirmó Michael Keller, secretario general de la ISF.
Un hito histórico en el liderazgo de la ISF
Durante la Asamblea General de la ISF, Lorena Basso fue elegida presidenta de la Federación Internacional de Semillas, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar este cargo. Basso, presidenta de Basso Semillas, una empresa familiar de semillas en Argentina, aporta más de dos décadas de experiencia en la industria semillera y ha participado activamente en el trabajo estratégico de la ISF como miembro de su Consejo Directivo.
En su discurso ante los miembros, Basso reconoció la importancia de este momento no solo para ella, sino también para las mujeres de todo el sector semillero y para América Latina. Rindió homenaje a las mujeres que trabajan “en el campo, en laboratorios, en empresas, en asociaciones, en cargos de liderazgo y, muchas veces, detrás de escena”, y destacó la importancia de crear espacios que abran puertas para la próxima generación.
“Ser la primera mujer en desempeñarse como presidenta de la ISF significa mucho para mí”, declaró Basso. “Y compartir este momento con una vicepresidenta mujer lo hace aún más especial”, en referencia a la elección de Ellen Sparry, directora general de C&M Seeds, como vicepresidenta, allanando así su camino para asumir la presidencia después de Basso en 2028.
Reflexionando sobre la larga trayectoria de su familia en el sector semillero, incluyendo a su padre y a su abuelo, Basso describió su legado como uno de “trabajo, respeto, compromiso, honestidad y amor por las semillas”. Mirando hacia el futuro, pidió a la ISF mantenerse enfocada no solo en la eficiencia y la acción, sino también en el propósito.
“Estamos aquí porque creemos que las semillas importan”, afirmó Basso. “Estamos aquí porque sabemos que nuestro trabajo tiene un impacto más allá de nosotros mismos: en los agricultores, en los sistemas alimentarios, en la innovación, en la resiliencia climática y en las futuras generaciones”.
De los compromisos a la acción práctica
El Congreso de Lisboa también fue escenario del lanzamiento del nuevo documento guía práctico de la ISF: Guía práctica para la producción de semillas: navegación de los derechos sociales y las prácticas éticas en el sector semillero. Este marco voluntario está diseñado para ayudar a empresas semilleras, proveedores, productores y asociaciones a fortalecer las prácticas laborales responsables en toda la cadena de valor de las semillas.
A lo largo de los tres días del Congreso, ponentes representantes de organizaciones internacionales como el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (IPPC), así como representantes de la industria, subrayaron la importancia de construir sistemas de semillas inclusivos y resilientes tanto a nivel global como local. El desarrollo y la comercialización de una variedad de semilla suelen implicar mejoramiento genético, ensayos, producción, control de calidad y distribución en múltiples países, lo que hace que un comercio de semillas abierto, predecible y basado en la ciencia sea esencial para el acceso de los agricultores y para la seguridad alimentaria mundial.
Las sesiones también destacaron la importancia de la coherencia regulatoria para la innovación en mejoramiento vegetal, incluidas las nuevas técnicas genómicas en Europa y otras regiones, así como la necesidad de políticas que permitan que la innovación llegue a los agricultores sin barreras innecesarias y ajenas a la ciencia.
Los debates sobre los recursos fitogenéticos subrayaron la necesidad de continuar colaborando en torno a la conservación, el acceso y la distribución de beneficios, reconociendo que la diversidad genética sigue siendo la base del mejoramiento vegetal, la biodiversidad, la adaptación climática y la seguridad alimentaria a largo plazo. El Congreso también lanzó un claro llamado a la acción para mantener la inversión en bancos de germoplasma y fortalecer la colaboración público-privada para conservar, caracterizar y poner los recursos fitogenéticos a disposición del mejoramiento, la investigación y la resiliencia de los agricultores.
“Las discusiones en Lisboa no trataron solo sobre los desafíos que tenemos por delante, sino, más importante aún, sobre la responsabilidad —y la oportunidad— del sector semillero para ayudar a dar forma a lo que viene. Los futuros resilientes dependerán de acciones conjuntas, y Lisboa nos ha dado un mandato claro para continuar ese trabajo”.
El Congreso fue organizado en cooperación con ANSEME, la Asociación Portuguesa de Semillas, cuyos miembros representan casi el 90 % del mercado portugués de semillas. El sector semillero de Portugal, con fuertes vínculos con Europa y el mundo lusófono, proporcionó un escenario adecuado para debatir sobre acceso de los agricultores, adaptación climática, innovación y colaboración global.