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Viveros Hernandorena impulsa con el CIDE un estudio sobre el manejo hídrico del algarrobo

La empresa financia íntegramente un proyecto de investigación para analizar la respuesta del cultivo al riego deficitario, el estrés hídrico y la salinidad, con el objetivo de transferir conocimiento técnico al agricultor.

Por Redacción ECA

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Equipo técnico en una plantación de algarrobo vinculada al proyecto de investigación de Viveros Hernandorena y el CIDE.
Fernando y Rosa Hernandorena junto a Investigadores de CIDE y estudiantes de la Universidad de Bari visitando una finca de algarrobos. / Hernandorena

Viveros Hernandorena ha iniciado junto al Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE, CSIC–UV-GVA) un proyecto de investigación orientado a mejorar el conocimiento sobre el manejo hídrico del algarrobo en cultivo profesional. El estudio, financiado al 100% por la empresa, analizará cómo responde este cultivo al riego deficitario, al estrés hídrico y a la salinidad, tres factores clave para avanzar hacia un modelo más técnico, eficiente y rentable.

La iniciativa forma parte de Carob Tree Project, el programa que Viveros Hernandorena desarrolla desde 2011 para profesionalizar el cultivo del algarrobo mediante la mejora del material vegetal, la modernización del manejo agronómico y la generación de conocimiento aplicado.

Un cultivo con creciente interés agronómico

Durante más de una década, la empresa ha trabajado para resolver algunos de los principales retos del cultivo. En una primera fase, sus esfuerzos se centraron en estabilizar la producción de planta injertada, que actualmente alcanza un éxito del 60-65%. Posteriormente, la compañía ha evaluado en sus tres hectáreas de fincas experimentales diferentes tipos de planta, fechas de plantación, poda, riego, nutrición y control de plagas.

“Estos ensayos nos han permitido avanzar hacia un modelo de cultivo más intensivo y profesional, pero también han puesto de manifiesto la necesidad de profundizar en el manejo hídrico para alcanzar producciones plenamente rentables”, explica Fernando Hernandorena Ribas, gerente de la empresa.

Actualmente, las fincas experimentales de Viveros Hernandorena alcanzan producciones en torno a las 10 toneladas por hectárea, aunque el objetivo es llegar a 15 toneladas por hectárea. Para ello, la empresa considera necesario conocer con mayor precisión cómo responde el algarrobo a diferentes escenarios de disponibilidad y calidad del agua.

“Tras más de una década de avances en la producción de planta injertada y en el manejo del cultivo, damos ahora un paso decisivo al promover investigación científica específica sobre las necesidades hídricas del algarrobo y su comportamiento en escenarios de estrés”, añade Hernandorena.

Investigación científica aplicada al manejo del agua

El proyecto está dirigido por Juan Miguel Ramírez Cuesta, investigador del CSIC en el CIDE, y cuenta con la participación de Diego Intrigliolo Molina, director del centro. Ambos lideran un estudio orientado a definir estrategias de manejo hídrico y elección varietal que permitan mejorar la producción y la eficiencia en el uso del agua.

Tres técnicos en una parcela experimental de cultivos leñosos dentro del proyecto de Viveros Hernandorena.
Juan Miguel Ramírez Cuesta, investigador del CSIC en el CIDE, con estudiantes de la Universidad de Bari, en Viveros Hernadorena. / Hernandorena

La investigación cuenta además con la colaboración de la Universidad de Bari, en Italia, a través de los profesores Camposeo y Maldera, lo que amplía el alcance internacional de los resultados.

Según explica Intrigliolo, el interés científico del proyecto responde a una necesidad concreta del sector: “Aunque el algarrobo es un cultivo tolerante a la sequía, cuando está cultivado de manera intensiva tiene unos requerimientos hídricos determinados, un aspecto que hasta ahora no se ha estudiado en profundidad”.

Tres líneas de trabajo

El estudio se plantea a largo plazo y se articula en tres líneas principales. La primera busca determinar las necesidades hídricas del algarrobo en cultivo profesional mediante funciones de producción que permitan identificar el óptimo agronómico y económico.

La segunda línea evaluará la respuesta del cultivo al riego deficitario, con el fin de diseñar estrategias de intensificación sostenible. La tercera se centrará en estudiar la tolerancia a la salinidad en diferentes variedades y portainjertos, un aspecto especialmente relevante en zonas donde el problema no es solo la cantidad de agua disponible, sino también su calidad.

Primeros resultados del proyecto

El proyecto comenzó en marzo y combina una fase inicial de ensayos en condiciones controladas con una segunda etapa de validación en parcelas comerciales. En esta primera fase, el equipo del CIDE ha establecido plantaciones experimentales para evaluar la respuesta fisiológica de distintas variedades y portainjertos ante diferentes regímenes de riego y niveles de salinidad.

Macetas de algarrobos. / Hernandorena

“Estamos al principio, pero ya podemos ver claramente que no todas las variedades y portainjertos se comportan igual ante una restricción hídrica”, señala Intrigliolo. Esta información será clave para orientar al agricultor en la elección del material vegetal más adecuado según la disponibilidad de agua en cada zona.

En paralelo, el CIDE y Viveros Hernandorena preparan la siguiente fase del estudio, que se desarrollará en parcelas adultas de la empresa, donde los árboles cuentan ya con el desarrollo suficiente para analizar la respuesta del cultivo en condiciones reales.

Transferir conocimiento al agricultor

Para Viveros Hernandorena, el proyecto supone un paso más en su apuesta por la investigación aplicada y por la transferencia de conocimiento técnico al sector. La empresa busca que los resultados del estudio permitan ofrecer recomendaciones basadas en evidencia científica y adaptadas a las condiciones reales de cultivo.

“Además de proporcionar una planta de calidad, queremos transferir conocimiento al agricultor”, subraya Fernando Hernandorena.

Con esta línea de trabajo, Viveros Hernandorena refuerza su objetivo de consolidar un modelo de cultivo moderno, eficiente y rentable, situando al algarrobo como una alternativa con potencial para las zonas mediterráneas, especialmente en un contexto marcado por la necesidad de optimizar el uso del agua y mejorar la resiliencia de los cultivos.

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