Castilla-La Mancha ocupa una posición destacada en el mapa español de la semilla certificada. La comunidad concentró durante la campaña 2024/2025 cerca de 44.000 hectáreas dedicadas a su producción, una superficie equivalente al 20,6 % del total nacional y orientada, sobre todo, a cereales como la cebada y el trigo.
El dato sitúa a la región ante una actividad estratégica para sus cultivos extensivos. La elección de la semilla condiciona el inicio de cada campaña y, cuando se encuentra certificada, acredita el cumplimiento de requisitos relacionados con la identidad varietal, la pureza, la capacidad germinativa, la sanidad y la trazabilidad del material empleado.
La directora general de Ordenación Agropecuaria de Castilla-La Mancha, Lydia Benítez, ha defendido el peso alcanzado por este sector durante una visita a las instalaciones de Viveros y Semilleros de La Mancha (VYSMAN), ubicadas en Cinco Casas, Ciudad Real.
La representante del Ejecutivo autonómico ha subrayado que la semilla constituye el primer eslabón de la producción agrícola y un factor determinante para la calidad y la competitividad posteriores de los cultivos.
El uso de semilla certificada alcanza el 47 %
La evolución del consumo refleja también una mayor implantación de este material entre los agricultores castellanomanchegos. Según los datos difundidos por el Gobierno regional, la proporción de semilla certificada utilizada en Castilla-La Mancha ha aumentado desde el 18 % hasta el 47 % durante la última década.
El avance supone un cambio relevante en una comunidad con una extensa superficie de cereales y otros cultivos herbáceos. Frente al empleo de grano reservado en la propia explotación, la certificación permite conocer la variedad sembrada y ofrece garantías oficiales sobre las características del lote.
Su aportación no reside únicamente en el potencial productivo de una variedad. También facilita la implantación de materiales seleccionados para determinadas condiciones agronómicas y permite al agricultor tomar decisiones con mayor información sobre aspectos como el ciclo, la adaptación territorial o la tolerancia frente a diferentes factores de estrés.
Cerca de cien millones de kilos comercializados

El peso regional se extiende más allá de la superficie de multiplicación. La Junta de Castilla-La Mancha cifra en cerca de 98,5 millones de kilos el volumen de semilla certificada comercializado durante la campaña 2024/2025, alrededor del 18,6 % del conjunto español.
Las estadísticas del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación sobre semilla de origen nacional precintada sitúan igualmente a Castilla-La Mancha entre las comunidades con mayor volumen. En el apartado de cereales, la región contabilizó más de 83,8 millones de kilos durante esa campaña, solo por detrás de Castilla y León y por delante de Aragón.
Dentro de esta categoría sobresalieron la cebada, con más de 39,1 millones de kilos, y el trigo blando, con algo más de 24 millones. Castilla-La Mancha registró asimismo 9,08 millones de kilos de triticale. A estos cultivos se sumó su presencia en leguminosas, con producciones relevantes de guisante, veza común y yeros.
Innovación varietal para responder al campo
La consolidación de esta industria está ligada a la selección y evaluación de nuevas variedades. VYSMAN destina 20 hectáreas a campos de ensayo de cereales, leguminosas y hortícolas, donde analiza materiales vegetales antes de su incorporación al mercado.
Estos ensayos permiten observar el comportamiento de las variedades en condiciones reales de cultivo y valorar su adaptación a las necesidades del territorio. En un escenario marcado por la variabilidad climática, la disponibilidad de agua y la presión sobre los costes de producción, la innovación genética adquiere una importancia creciente para el sector.
Benítez ha destacado que esta labor resulta esencial para ofrecer a los agricultores variedades más adaptadas y competitivas. La combinación de superficie productora, capacidad de comercialización y experimentación varietal refuerza así el papel de Castilla-La Mancha dentro de una industria que sostiene buena parte de la producción cerealista española.