Hasta el 40% de los cultivos se pierde cada año por plagas y enfermedades mientras Europa reduce las herramientas disponibles y alarga los procesos de autorización. El sector alerta de que la reforma normativa no despeja la incertidumbre ni garantiza que la innovación llegue al campo a tiempo.
La sanidad vegetal āes decir, el conjunto de acciones encaminadas a proteger las plantas frente a plagas, enfermedades y malas hierbasā se sitĆŗa hoy en el centro de uno de los grandes debates de la seguridad alimentaria global. Agricultura, biodiversidad, economĆa rural y sostenibilidad convergen en un desafĆo tan antiguo como la propia agricultura, pero en pleno siglo XXI adquiere una urgencia y complejidad nuevas por la confluencia de fuerzas como el cambio climĆ”tico, la globalización del comercio y la presión sobre los sistemas productivos.
SegĆŗn estimaciones de organizaciones internacionales, hasta el 40 % de los cultivos alimentarios del planeta se pierden cada aƱo debido a plagas y enfermedades. Estas pĆ©rdidas no solo reducen la producción, sino que erosionan la calidad de los alimentos e impactan la economĆa agrĆcola. El reto se agrava por factores que favorecen la aparición y propagación de estos agentes daƱinos como son el cambio climĆ”tico, que modifica patrones de temperatura y humedad, amplificando el rango geogrĆ”fico de vectores y patógenos; y la intensificación del comercio internacional, que facilita el traslado inadvertido de plagas a nuevas regiones.
En la actividad agrĆcola, la sanidad vegetal continĆŗa siendo un factor clave para asegurar tanto la productividad como la sostenibilidad económica de las explotaciones. Sin embargo, el escenario actual se caracteriza por una disminución progresiva de las herramientas disponibles para la protección de los cultivos, consecuencia de la retirada de sustancias activas y de procedimientos de evaluación cada vez mĆ”s largos, complejos y marcados por la incertidumbre.
La innovación agrĆcola constituye un pilar estratĆ©gico para garantizar la seguridad alimentaria, la sostenibilidad y la competitividad del modelo europeo. Nuevas herramientas basadas en inteligencia artificial, detección por imĆ”genes y sensores remotos prometen diagnósticos mĆ”s tempranos y precisos, cruciales para la respuesta oportuna ante brotes emergentes.
No obstante, persiste una percepción ampliamente compartida segĆŗn la cual una parte significativa de la innovación en sanidad vegetal no estĆ” llegando de manera efectiva al campo. A pesar del considerable esfuerzo que realizan las compaƱĆas en investigación y desarrollo, muchas de las soluciones generadas se enfrentan a obstĆ”culos regulatorios y administrativos que dificultan su adopción prĆ”ctica.