El relevo generacional continúa siendo uno de los grandes desafíos del sector agrario europeo. La edad media elevada de los titulares de explotaciones, la falta de incorporación de jóvenes y las dificultades económicas de acceso a la actividad agraria siguen condicionando el futuro del campo. Sin embargo, dentro de este escenario, la producción ecológica aparece como una vía con creciente capacidad de atracción para las nuevas generaciones.
Ecovalia ha puesto el foco en esta cuestión tras la presentación y debate en la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo del estudio “Generational change in agriculture: comparative analysis of businesses run by young farmers in selected EU countries”. La organización considera que, aunque el informe aborda el envejecimiento del sector y la falta de relevo generacional, no profundiza en qué modelos productivos resultan más atractivos para los jóvenes agricultores.
Un modelo vinculado a sostenibilidad, estabilidad e innovación
Según Ecovalia, la producción ecológica se está consolidando como una alternativa especialmente interesante para quienes se incorporan al campo. La entidad subraya que este modelo resulta atractivo por su vinculación con la sostenibilidad, por su menor dependencia de insumos externos y por requerir, en determinados casos, inversiones iniciales más contenidas frente a otros sistemas de producción.
La coordinadora de Ecovalia y directora de su oficina en Bruselas, Evelyne Alcázar, advierte de que el envejecimiento del sector agrario exige analizar con mayor detalle qué fórmulas pueden favorecer la entrada de nuevos profesionales. En este sentido, señala que los datos manejados por la entidad muestran una mayor presencia de jóvenes dentro de la producción ecológica respecto al modelo convencional.
Alcázar defiende que es necesario “garantizar el apoyo y realizar un análisis adecuado de la producción ecológica”, al considerar que este sistema contribuye de forma directa al relevo generacional tanto en España como en el conjunto de la Unión Europea.
Ecovalia recuerda que, según el Diagnóstico de la Juventud Agraria 2024, publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en septiembre de 2025, el 39,3% de los titulares jóvenes de explotaciones en España produce bajo alguna figura o sello de calidad, como Denominación de Origen Protegida, Indicación Geográfica Protegida, Producción Integrada o Producción Ecológica.
Dentro de ese grupo, uno de cada dos jóvenes opta por la producción ecológica. Además, la presencia femenina destaca especialmente: el 53,8% corresponde a mujeres, frente al 47,6% de hombres, según los datos recogidos por Ecovalia.
Estos porcentajes refuerzan la idea de que el sector ecológico puede desempeñar un papel relevante en la renovación del campo, no solo por su capacidad de atraer jóvenes, sino también por el protagonismo creciente de las mujeres en este modelo productivo.
Las mujeres, claves en la transición ecológica del campo
La entidad señala que las mujeres representan alrededor del 32% de las explotaciones ecológicas, una presencia que considera especialmente relevante en la transición hacia modelos productivos de menor impacto ambiental. Su papel, unido al de los jóvenes agricultores, está contribuyendo a introducir nuevas prácticas, mayor digitalización, innovación tecnológica y estrategias de adaptación frente al cambio climático. Para Ecovalia, esta combinación de juventud, sostenibilidad e innovación convierte a la producción ecológica en una herramienta útil para reforzar la continuidad de la actividad agraria en el medio rural.
Un sector que crece en empresas, empleo y consumo
El avance del modelo ecológico no se limita a la producción primaria. Según el Informe Anual 2026 de Ecovalia, el tejido empresarial vinculado a actividades ecológicas ha crecido un 25% en los últimos cinco años. La entidad apunta también a la creación de 122.100 empleos directos, un 4,9% más que en 2023.
España mantiene, además, una posición de liderazgo en producción ecológica en Europa, con más de tres millones de hectáreas certificadas, lo que representa el 12,3% de la superficie agraria útil. A ello se suma el crecimiento del mercado interno: el consumo ecológico supera los 3.200 millones de euros y el gasto per cápita medio nacional se sitúa en 66 euros.
La recuperación del consumo en los hogares, con un incremento interanual del 7,5%, confirma, según Ecovalia, la resiliencia de la demanda pese al contexto económico. Salud, medio ambiente, bienestar animal, confianza y calidad percibida figuran entre los principales motivos de compra de alimentos ecológicos.
Menor dependencia de insumos externos
Otro de los argumentos defendidos por Ecovalia es la estabilidad del modelo ecológico en contextos de incertidumbre. La organización sostiene que la menor dependencia de insumos de síntesis química y de suministros externos permite reforzar la capacidad de adaptación de las explotaciones ante crisis de abastecimiento, tensiones geopolíticas o incrementos de costes.
En este sentido, la producción ecológica se presenta como un modelo estratégico para avanzar hacia sistemas agrarios más resilientes, con mayor aprovechamiento de recursos propios y locales, y con una planificación menos expuesta a las oscilaciones de los mercados internacionales de insumos.
La certificación ecológica y el logotipo europeo de la Eurohoja se han convertido también en un elemento de confianza para el consumidor. Ecovalia destaca que dos de cada tres hogares eligen productos ecológicos, priorizando la calidad, la trazabilidad y los valores asociados a este tipo de producción.
Para la organización, este reconocimiento social refuerza el potencial del sector ecológico como motor de transformación del sistema agroalimentario y como oportunidad para quienes buscan incorporarse a la actividad agraria desde modelos más sostenibles.
Con una trayectoria de 35 años, Ecovalia representa a más de 17.000 productores, empresas y profesionales vinculados a la producción ecológica. La entidad trabaja en promoción, formación, divulgación e incidencia institucional para defender este modelo como una herramienta frente a retos como el cambio climático, la protección de la biodiversidad y el desarrollo del medio rural.