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«Mercasa está impulsando un enfoque más amplio basado en la economía circular»

Hablamos con Silvia Llerena Muñoz, directora de Desarrollo de Negocio y Coordinación de Mercasa, sobre los retos y oportunidades del sector agroalimentario, el papel estratégico de Mercasa en la cadena de distribución y las claves para impulsar un modelo más eficiente, innovador y sostenible.

Por Bárbara Aguayo Martínez

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Mercasa
Silvia Llerena Múñoz directora de Desarrollo de Negocio y Coordinación de Mercasa / Foto Mercasa

¿Cómo está evolucionando el papel de la red de mercados mayoristas en el sistema alimentario español?

Creo que estamos viviendo una transformación muy relevante. Ahora que en Mercasa cumplimos 60 años, podemos decir que la Red de Mercas se ha consolidado como una infraestructura estratégica de país, clave para garantizar la eficiencia en el abastecimiento de productos frescos y la cohesión territorial, gracias a su vertebración del conjunto del territorio.

Hoy hablamos de plataformas que combinan comercialización, transformación, valor añadido, logística, información y servicio público, y que tienen una capacidad demostrada de respuesta ante situaciones complejas, aportando estabilidad a la cadena alimentaria.

La Red de Mercas de Mercasa convierte a España en el país con uno de los mejores sistemas de distribución alimentaria del mundo y es un referente a nivel internacional. Tenemos la mayor red pública de mercados mayoristas del mundo. Debemos darle valor y seguir avanzando para aprovechar este potencial tan diferenciador.

El papel de Mercasa como nexo impulsor y vertebrador de la Red de Mercas, con un posicionamiento estratégico en la cadena de distribución de productos frescos, la configura como una herramienta clave para el interés general en materia de política alimentaria.

¿Qué retos y oportunidades identifica en el contexto actual del sector agroalimentario?

El sector se enfrenta a retos muy exigentes: la disminución de la cuota de mercado del comercio detallista especializado, la falta de relevo generacional, la eficiencia en el abastecimiento, la evolución de los costes energéticos y de los servicios, la sostenibilidad, la adaptación normativa, la digitalización o la evolución de los hábitos de consumo.

Pero precisamente ahí están también las oportunidades. Estamos ante una ocasión única para avanzar hacia un modelo más eficiente, circular y colaborativo, donde la innovación logística, la formación, la aportación de valor al producto, la intermodalidad, el frío, el uso de datos y la cooperación entre agentes van a ser determinantes.

¿Cómo contribuye Mercasa a mejorar la eficiencia y transparencia en la cadena de suministro?

El modelo Mercasa aporta eficiencia desde su propia concepción: la concentración de operadores en espacios comunes, con infraestructuras y servicios compartidos, genera economías de escala y reduce costes.

Es muy importante el valor que aporta la Red de Mercas a la formación de precios en la cadena alimentaria, poniendo a disposición de todos los eslabones entre la producción y el consumo infraestructuras y servicios eficientes, seguros y sostenibles, así como la información estadística de precios de los productos frescos en las mercas.

Es un modelo que favorece la transparencia y el equilibrio en las relaciones comerciales, facilitando información de mercado y promoviendo un entorno ordenado, competitivo y accesible para todos los operadores.

Las cifras avalan nuestro trabajo, con una comercialización de 9.100 millones de kilos al año en toda la Red de Mercas y una facturación que supone el 1,51% del PIB de España.

¿Cómo se está trabajando en la reducción del desperdicio alimentario dentro de la red?

La reducción del desperdicio alimentario constituye una línea de actuación consolidada en Mercasa y en la Red de Mercas, abordada desde un enfoque integral, que combina prevención, reaprovechamiento, colaboración institucional y economía circular.

En primer lugar, la Red de Mercas ha sido tradicionalmente un referente en la redistribución de excedentes alimentarios, gracias a su colaboración continuada con bancos de alimentos y entidades del tercer sector. Este modelo permite que productos aptos para el consumo, pero no comercializables, se destinen prioritariamente a fines sociales, contribuyendo tanto a la reducción del desperdicio como al apoyo a colectivos vulnerables.

En segundo lugar y en el contexto de la entrada en vigor de la Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, se ha reforzado la acción mediante programas específicos de sensibilización y formación dirigidos a los operadores de las unidades alimentarias. En este ámbito, destaca la colaboración con FESBAL para el desarrollo de campañas informativas y herramientas que facilitan una gestión más eficiente de los excedentes.

Asimismo, Mercasa está impulsando un enfoque más amplio basado en la economía circular, integrando la gestión del desperdicio dentro de la cadena global de sostenibilidad. Este mismo año estamos presentando los resultados de un estudio integral en el que hemos analizado la gestión de residuos en toda la Red. Este estudio señalará oportunidades de mejora y marcará el camino para seguir avanzando en este sentido.

¿Qué importancia tiene la economía circular en la estrategia de la compañía?

La economía circular constituye un componente clave del enfoque de sostenibilidad de Mercasa y se integra como uno de los ejes que permiten evolucionar hacia un modelo de operación más eficiente, responsable y alineado con las exigencias ambientales actuales.

En primer lugar, dentro de nuestro Plan Estratégico 2025‑2029, la sostenibilidad se configura como una de las grandes líneas estratégicas, y en ese marco la economía circular aparece explícitamente como un ámbito prioritario a integrar en la actividad de la empresa.

Además, la economía circular es un elemento clave para completar una visión más holística y coherente de los compromisos ambientales de Mercasa, en línea con los criterios ESG

En segundo lugar, su importancia se refleja en su contribución directa a los principales objetivos operativos de la compañía, especialmente en la eficiencia en el uso de recursos, la reducción del impacto ambiental (residuos, emisiones, consumo de agua) y la optimización de los procesos dentro de la cadena alimentaria. Como ejemplo, en los últimos meses hemos cerrado diversos acuerdos de colaboración con SCRAPS para la valorización de envases, en actuaciones que suponen un retorno no solo en impacto positivo a nivel medioambiental y social, sino también económico y de buen gobierno.

En tercer lugar, la economía circular tiene un papel relevante en la transformación cultural y operativa de la Red de Mercas, ya que no se limita a actuaciones internas, sino que implica a todo el ecosistema (operadores, empresas, usuarios). Por ello, se contemplan acciones específicas de formación y sensibilización en prácticas circulares, difusión de buenas prácticas y fomento de comportamientos responsables entre los distintos agentes. Este enfoque refuerza la función de Mercasa como tractor de cambio en la cadena alimentaria.

Por último, la economía circular también tiene una dimensión estratégica en términos de posicionamiento y competitividad. La Red de Mercas ya se reconoce como un modelo de éxito en políticas de sostenibilidad, incluyendo la reducción de residuos y la valorización.

¿Cómo imagina el mercado mayorista dentro de 10 años?

Creo que dentro de diez años las Mercas serán mucho más que espacios de distribución mayorista. De hecho, ya están evolucionando hacia verdaderas plataformas integrales de la cadena alimentaria, combinando logística avanzada, servicios, información y una clara vocación de servicio público.

Por un lado, veremos Mercas más logísticas y capilares, convertidas en nodos clave para la distribución de última milla. La creciente demanda de eficiencia en el reparto urbano y el auge del comercio electrónico están impulsando esta transformación hacia modelos que integran almacenamiento, transformación y distribución en un mismo espacio, con una mayor intermodalidad y optimización de flujos.

Al mismo tiempo, serán espacios mucho más digitalizados e inteligentes, en los que la gestión de datos jugará un papel esencial. La utilización de tecnologías como la inteligencia artificial o los sistemas de gestión en tiempo real permitirá anticipar la demanda, mejorar la trazabilidad de los productos y optimizar la operativa diaria, haciendo la cadena más eficiente y transparente.

Otro aspecto clave será la sostenibilidad, que pasará a estar plenamente integrada en la operativa. Las Mercas deberán avanzar en descarbonización, eficiencia energética y movilidad sostenible, incorporando soluciones que reduzcan el impacto ambiental del conjunto de la actividad. En esta línea, trabajamos ya en proyectos ambiciosos de futuro como subir las mercancías al tren desde la propia Red de Mercas, con su integración en las nuevas redes ferroviarias. La economía circular tendrá también un papel fundamental, tanto en la gestión de residuos como en el aprovechamiento de los recursos y en la reducción del desperdicio alimentario.

Además, me imagino Mercas que funcionen como verdaderos ecosistemas de innovación y conocimiento, en los que convivan operadores, empresas tecnológicas, centros de formación y nuevos proyectos vinculados al sector agroalimentario. Esta dimensión permitirá no solo mejorar la competitividad del sistema, sino también atraer talento y fomentar la innovación en toda la cadena.

Y, junto a todo ello, hay algo que seguirá siendo esencial: su papel como infraestructura estratégica de país. En un entorno cada vez más complejo, las Mercas continuarán garantizando el abastecimiento eficiente y seguro de productos frescos, actuando como elemento de estabilidad y cohesión dentro de la cadena alimentaria.

¿Qué habilidades considera clave para liderar el desarrollo de negocio en el sector agroalimentario?

Creo que liderar el desarrollo de negocio en el sector agroalimentario requiere, en primer lugar, una visión estratégica amplia, que permita entender no solo el mercado, sino también el papel que desempeña la cadena alimentaria en su conjunto. Estamos en un sector clave para el país, con implicaciones económicas, sociales y territoriales, por lo que es fundamental anticiparse a los cambios y ser capaz de identificar oportunidades en un entorno en constante transformación.

A esa visión hay que sumar una gran capacidad de adaptación y gestión del cambio. El sector está evolucionando rápidamente, impulsado por factores como la digitalización, la sostenibilidad o los nuevos hábitos de consumo, y eso exige líderes con flexibilidad, capaces de tomar decisiones en contextos complejos y de impulsar procesos de transformación en las organizaciones.

Otro aspecto clave es la capacidad de generar alianzas. El desarrollo de negocio en este ámbito no se entiende de forma aislada: requiere trabajar con administraciones públicas, empresas, operadores logísticos y otros agentes de la cadena. Saber construir relaciones de confianza y colaborar con distintos interlocutores es fundamental para avanzar en proyectos con impacto real.

También considero muy importante el conocimiento del cliente y del mercado. Entender las necesidades reales de los distintos segmentos permite diseñar propuestas de valor más ajustadas y eficaces.

Por último, destacaría la importancia del liderazgo de equipos. El desarrollo de negocio es siempre un trabajo colectivo, que requiere motivar, coordinar y obtener lo mejor de equipos multidisciplinares. En un entorno como el agroalimentario, donde confluyen perfiles muy diversos, la capacidad de integrar talento y generar una visión compartida es esencial.

En definitiva, diría que la combinación de visión estratégica, capacidad de adaptación, orientación al cliente, trabajo en red y liderazgo de personas es lo que permite afrontar con éxito los retos y aprovechar las oportunidades de este sector.

¿Qué consejo daría a jóvenes profesionales interesados en este ámbito?

Les diría que estamos ante un sector estratégico, con un enorme potencial e impacto social. La alimentación es una necesidad básica y eso convierte a la cadena agroalimentaria en un sector sólido, con recorrido y con oportunidades profesionales muy amplias.

Además, es un sector que está viviendo una transformación muy interesante, cada vez más innovador. Hoy hablamos de innovación, tecnología, digitalización, logística avanzada, sostenibilidad, economía circular o nuevos hábitos de consumo. Eso abre espacios para perfiles muy diversos y para quienes tengan inquietud por aportar soluciones nuevas.

También destacaría que es un sector con mucho propósito. No se trata solo de hacer negocio, sino de contribuir a algo esencial: garantizar que los alimentos lleguen a las personas en condiciones de calidad, seguridad y eficiencia. Esa dimensión de servicio público y de impacto social es, en mi opinión, uno de los grandes atractivos de trabajar en este ámbito.

El sistema alimentario es un ecosistema complejo donde todo está interconectado. Es un entorno exigente, pero también muy dinámico, con amplias oportunidades de desarrollo profesional

En un sector históricamente masculinizado, ¿cómo valora la evolución del liderazgo femenino?

Creo que la evolución del liderazgo femenino en el sector agroalimentario ha sido positiva en los últimos años, aunque todavía queda camino por recorrer. La incorporación progresiva de mujeres a puestos de responsabilidad está aportando un valor diferencial, en la medida en que introduce una visión integradora y una forma de trabajo colaborativa, que complementa y enriquece los distintos estilos de liderazgo.

En mi opinión, lo más relevante no es solo el aumento de la presencia femenina, sino lo que eso representa en términos de diversidad en la toma de decisiones. Contar con equipos diversos, con distintas perspectivas y experiencias, fortalece las estrategias y contribuye a obtener mejores resultados, porque permite analizar los retos desde ángulos más amplios.

Además, promover estos distintos enfoques dentro de las organizaciones contribuye a construir equipos más equilibrados y eficaces. En el caso de la Red de Mercas, este aspecto es especialmente relevante, porque operamos en un entorno complejo y en transformación, donde la capacidad de adaptación y la visión conjunta son clave.

En definitiva, más allá de una cuestión de género, estamos hablando de diversidad como palanca de valor: equipos más diversos toman mejores decisiones y son capaces de dar respuestas más sólidas a los desafíos del sector.

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