Ayer dio comienzo la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) en la ciudad amazónica de Belém, con un mensaje claro por parte del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva: es hora de acelerar la acción climática y enfrentar a quienes “rechazan las evidencias de la ciencia”.
Durante la apertura, Lula advirtió que “el cambio climático no es una amenaza del futuro, sino una tragedia del presente”, citando los recientes desastres naturales como el huracán Melissa en el Caribe y el tornado que azotó Paraná, en el sur de Brasil. Denunció la expansión de la desinformación y el negacionismo climático, que, según él, “controlan algoritmos, siembran odio y atacan a las instituciones y a la ciencia”.
“Estamos caminando en la dirección correcta, pero a la velocidad equivocada. Romper la barrera del 1,5 °C sería un riesgo que no podemos correr”, subrayó el mandatario.
El inicio de la COP30 estuvo marcado por un tono de optimismo: 113 países han presentado ya sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), comprometiéndose a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. En conjunto, estas naciones representan el 69 % de las emisiones globales.
De acuerdo con un análisis preliminar de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC), las medidas anunciadas podrían reducir las emisiones globales un 12 % para 2035, frente al 10 % proyectado en octubre, cuando solo 64 países habían entregado sus planes.
El secretario ejecutivo de la ONU para el Cambio Climático, Simon Stiell, destacó que los acuerdos alcanzados en las últimas conferencias “están haciendo que la curva de emisiones comience a inclinarse hacia abajo”, aunque advirtió que “aún queda mucho trabajo por hacer”.
Stiell recordó que ningún país puede resolver la crisis climática por sí solo y que “es imperdonable seguir perdiendo vidas ante desastres que ya sabemos cómo prevenir”. Añadió que la cooperación internacional es esencial y comparó el desafío global con el sistema fluvial del río Amazonas, “alimentado por más de mil afluentes”.
Entre los principales temas de negociación, Stiell mencionó la necesidad de una transición justa y ordenada lejos de los combustibles fósiles, además de triplicar la capacidad de energías renovables y duplicar la eficiencia energética en la próxima década.
La COP30 también buscará avanzar en la movilización de 1,3 billones de dólares anuales para apoyar la acción climática en los países en desarrollo, así como aprobar indicadores para acelerar la adaptación global y fortalecer los programas de transición justa y tecnología sostenible.
El presidente de la conferencia, André Corrêa do Lago, inauguró formalmente la sesión tras una ceremonia con representantes de pueblos indígenas amazónicos, a quienes reconoció como “guardianes de la selva”.
Corrêa do Lago pidió que esta edición sea recordada como “la COP de la implementación, la adaptación y la ciencia”, insistiendo en que “esta será la COP de la verdad”.