La cosecha de legumbres de 2025 está a punto de cerrar con resultados dispares. Aunque en un primer momento las expectativas eran positivas, las elevadas temperaturas registradas a finales de mayo y principios de junio han afectado a la maduración de la planta, dando como resultado una producción calificada por el sector como “mediana-regular”.
Por Julia Álvarez García, periodista
Así lo explica Antonio Caballero, productor y comercializador, y presidente de la Asociación de Legumbristas de España, que sitúa los rendimientos en una horquilla de entre 500 y 800 kilos por hectárea, según la zona y tipo del cultivo.
En cuanto a los precios en origen, aún es pronto para establecer cifras definitivas. Sin embargo, Caballero advierte de que, en un contexto global acusadamente a la baja, las previsiones del mercado no son optimistas.
Una PAC insuficiente
Más allá de los datos puntuales de la presente campaña, el sector legumbrista arrastra problemas estructurales que amenazan su viabilidad a medio plazo. “El agricultor que cultiva legumbres no es fijo, va en función de las ayudas que recibe”, señala Caballero. En la actualidad, las ayudas de la PAC no distinguen entre legumbres destinadas a consumo humano y las que se producen para pienso. Esto, unido a que estas últimas son más fáciles de cultivar y de comercializar, provoca que muchos agricultores opten por la segunda opción.
“La rentabilidad actual del cultivo de legumbres para consumo humano es tan baja que, sin un incentivo específico, el cultivo terminará desapareciendo en muchas zonas”, advierte Caballero. Especialmente en el sur de España, donde la combinación de precios bajos, condiciones climáticas adversas y posible reducción del presupuesto de la PAC pone en riesgo la continuidad del sector. “Si la PAC deja de incentivar, el campo desaparece”, sentencia.
Importaciones y aranceles: otra amenaza para la producción local
A este escenario se suma un nuevo factor que complica la competitividad del producto nacional: la exclusión de las legumbres de la lista de productos agrícolas a los que España aplica aranceles a las importaciones desde Estados Unidos. Como apunta Caballero, esta decisión tiene una doble lectura: “Como comercializador es positiva porque se abaratan los costes, pero como agricultor es negativa. Nos obliga a competir con precios más bajos y pone en peligro la venta de la producción local”.
En este contexto, el sector pide a las administraciones una estrategia clara que incentive de forma diferenciada el cultivo de legumbres para consumo humano, con el objetivo de mantener un producto esencial en la dieta mediterránea, y estratégico en términos de sostenibilidad y soberanía alimentaria.