La persistente falta de lluvias y las temperaturas inusualmente altas registradas en septiembre y octubre amenazan con recortar de forma significativa la producción de aceite de oliva en la campaña 2025-26.
Según Cooperativas Agro-alimentarias de España, si la situación de sequía se mantiene, la cosecha no superará 1,3 millones de toneladas, una cifra inferior al aforo estimado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
El cambio climático está alterando los patrones estacionales, “eliminando prácticamente los otoños tal y como los conocíamos”, advierten desde la organización. Aunque el olivo resiste bien los veranos cálidos y secos, necesita lluvias y un descenso de temperaturas en otoño para completar sus procesos vegetativos y de lipogénesis, esenciales para el desarrollo del fruto y la formación del aceite.
La falta de lluvias otoñales se ha convertido en una constante en las últimas campañas, afectando especialmente a los olivares de secano, que representan el 67,8 % de la superficie total en España y dependen por completo de las condiciones meteorológicas. Esta situación ha limitado el impacto positivo de las nuevas plantaciones de regadío intensivo y superintensivo, impidiendo que compensen la caída de producción del secano.
A la posible reducción de la cosecha se suman el aumento de los costes de producción y la inestabilidad de los precios, lo que está deteriorando la rentabilidad de muchas explotaciones. Desde Cooperativas Agro-alimentarias alertan de que, sin políticas eficaces de gestión del agua y apoyo a la modernización del sector, podría producirse un abandono de zonas productivas en las áreas más afectadas por la sequía.
Las existencias finales de la campaña 2024-25, estimadas en torno a 290.000 toneladas, junto con el posible descenso productivo, podrían generar tensiones en el mercado. Con una demanda estable —más de un millón de toneladas destinadas a la exportación y 500.000 al consumo nacional—, el escenario se perfila muy ajustado para los próximos meses.
En este contexto, la organización insiste en la necesidad de una política de Estado sobre el agua que garantice la ampliación del regadío, mejore la eficiencia en el uso de los recursos hídricos y asegure la viabilidad futura del olivar español, un pilar esencial del sector agroalimentario y de las zonas rurales del país.