Un invierno excesivamente cálido puede alterar el reposo vegetativo y afectar a la futura floración, mientras que las heladas tardías durante la brotación pueden provocar daños importantes en los nuevos tejidos. Del mismo modo, las altas temperaturas y la falta de agua en verano condicionan el desarrollo y la maduración del fruto.
El olivo es un árbol rústico, perfectamente adaptado a los veranos largos, calurosos y secos, y a los inviernos suaves y lluviosos que caracterizan al clima mediterráneo. No obstante, requiere un equilibrio para desarrollarse correctamente.
- La temperatura ideal se sitúa entre los 15 °C y los 25 °C.
- Necesita horas de frío en invierno para inducir la floración.
- Requiereabundante radiación solar a lo largo del año.
- Aunque tolera la sequía, elestrés hídrico prolongado reduce la producción y la calidad del aceite.
Impacto de las bajas temperaturas
Las heladas constituyen una de las principales amenazas para el cultivo del olivar. Durante el invierno pueden provocar daños en brotes y ramas jóvenes, mientras que en primavera resultan especialmente peligrosas al afectar directamente a la floración. Las heladas intensas pueden causar daños graves, como la muerte de yemas y brotes, e incluso llegar a provocar la pérdida total del árbol en casos extremos.
Temperatura, lluvias, viento y fenómenos extremos como heladas u olas de calor influyen en la producción anual y en la calidad del aceite de oliva.
El impacto de las heladas en el olivo depende tanto de la época en la que se produzcan como de su intensidad. También influye de manera significativa la variedad cultivada, ya que existen olivos más resistentes al frío que otros. En las zonas tradicionalmente olivareras, suelen cultivarse variedades locales que están bien adaptadas a las condiciones climáticas del entorno.
Altas temperaturas y estrés térmico
El exceso de calor, especialmente durante la floración y el cuajado del fruto, provoca una reducción en la formación de aceitunas. En años de olas de calor prolongadas, el árbol experimenta estrés hídrico, lo que repercute directamente en la calidad del aceite obtenido.
El riego localizado y la gestión eficiente del agua son claves para amortiguar los efectos de las altas temperaturas.
La importancia de las lluvias
Aunque se trate de un cultivo de secano, el agua es indispensable en diferentes etapas del ciclo vegetativo del olivo. Desde la floración hasta la maduración de las aceitunas, cada fase requiere una cantidad específica de reservas hídricas para un desarrollo óptimo. Es decir, la importancia de la lluvia en el olivar va a variar en función de cuándo tengan lugar las precipitaciones y de qué cantidades se registren.
Una primavera húmeda favorece la floración, mientras que las lluvias otoñales ayudan en la fase de maduración. Sin embargo, el exceso de agua también genera problemas: aumenta la incidencia de enfermedades fúngicas como el repilo o la verticilosis, y puede provocar asfixia radicular si el suelo no drena bien.
El papel del viento
El viento seco y fuerte durante la primavera es otro factor de riesgo. Puede deshidratar las flores, reducir el cuajado y, en consecuencia, disminuir la producción. Además, las rachas intensas provocan daños mecánicos en ramas y frutos.
En explotaciones modernas se recurre a la instalación de cortavientos naturales o artificiales para reducir su impacto en el olivar.
