La floración es uno de los momentos más sensibles del ciclo del olivo. En esta fase, el cultivo concentra una elevada demanda fisiológica y cualquier desequilibrio nutricional, episodio de estrés o problema sanitario puede condicionar el cuajado y, con ello, el potencial productivo de la campaña.
La importancia de una fertilización ajustada en olivar ha sido recogida en diferentes materiales técnicos del IFAPA, que señalan que una correcta nutrición permite mantener un buen nivel de producción y evitar deficiencias que pueden afectar negativamente a la cosecha. En este contexto, la aplicación foliar se presenta como una herramienta de apoyo especialmente útil cuando el árbol atraviesa fases de alta exigencia o cuando existen limitaciones para la absorción radicular.
Durante la floración, el olivo moviliza reservas acumuladas y necesita mantener un equilibrio adecuado de nutrientes para favorecer la viabilidad floral, la fecundación y el posterior desarrollo del fruto. Elementos como el boro adquieren especial relevancia por su relación con la floración, la germinación del polen y el cuajado, mientras que otros nutrientes deben manejarse de forma equilibrada para evitar desajustes vegetativos o carencias en momentos críticos.
Una fase clave para el cuajado
A esta estrategia nutricional se suma el uso de bioestimulantes, cada vez más presente en los programas de manejo del olivar. Formulados a base de aminoácidos, extractos vegetales, algas, microorganismos beneficiosos u otros compuestos, estos productos buscan mejorar la respuesta fisiológica del árbol frente a situaciones de estrés y contribuir a una mayor eficiencia en el aprovechamiento de los nutrientes.
Su aplicación cobra especial interés en campañas marcadas por oscilaciones térmicas, déficit hídrico o estrés acumulado en la planta. No obstante, los especialistas insisten en que su eficacia depende del estado fenológico, la carga del árbol, las condiciones climáticas y el historial nutricional de cada parcela. Por ello, el seguimiento técnico y el ajuste de dosis y momentos de aplicación resultan determinantes.
La sanidad vegetal también ocupa un papel central durante esta etapa. La Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía recoge el seguimiento de plagas y enfermedades del olivar, con especial atención a la evolución fenológica del cultivo y a agentes como la polilla del olivo o determinadas enfermedades fúngicas en función de las condiciones ambientales.
En este escenario, la recomendación técnica pasa por integrar nutrición, bioestimulación y protección fitosanitaria dentro de una misma estrategia agronómica, evitando aplicaciones rutinarias y priorizando decisiones basadas en el estado real del cultivo. La floración vuelve así a situarse como una fase clave para el olivar, en la que una intervención precisa puede marcar diferencias en el cuajado, la carga productiva y la calidad final de la aceituna.