La campaña 2024/2025 de frutos rojos en Huelva ha estado definida por una menor producción en fresa y frambuesa, y unas condiciones climáticas adversas. Sin embargo, la calidad del fruto, la estabilidad de precios y el empuje del arándano y la mora permiten al sector mirar al futuro con cautela, pero con confianza en la diversificación varietal y la innovación agronómica.
Por Marga López Polo, periodista agroalimentaria

Huelva, el corazón europeo de la producción de frutos rojos, cierra la campaña 2024/2025 con una sensación agridulce. A pesar de registrar una reducción general en los volúmenes cosechados, el sector ha logrado mantener la rentabilidad gracias a precios estables, una calidad muy valorada por los mercados y una apuesta decidida por la diversificación varietal y el alargamiento del calendario productivo.
La campaña comenzó condicionada por un otoño inusualmente cálido, que comprometió la brotación inicial en algunos cultivos, y por un problema serio en los viveros: la elevada mortandad de planta, especialmente en fresa, debido a deficiencias en la desinfección de los suelos. Freshuelva estima que fue necesario replantar entre un 15 % y un 20 % de las plantaciones, lo que supuso un sobrecoste importante para los productores y un retraso en el arranque real de la campaña, especialmente en las zonas más tempranas.
Pese a estos inconvenientes iniciales, la calidad del fruto, especialmente en fresa, ha sido una de las más altas de los últimos años. Las condiciones de frío durante el invierno y la maduración más lenta contribuyeron a una fruta más firme y con mejor sabor, muy valorada tanto por los supermercados europeos como por los consumidores finales. A ello se suma una gestión más profesionalizada en la recolección, gracias a la incorporación de nuevas cuadrillas de trabajadores procedentes de Colombia, Ecuador y Honduras, así como la consolidación de la mano de obra marroquí.
Descenso de la producción
En términos de volumen, sin embargo, los números no son tan optimistas. La producción de fresa ha caído alrededor de un 9 % respecto al año anterior, con un total cercano a las 221.000 toneladas (pendiente cerrar datos oficiales). También la frambuesa ha experimentado un descenso notable, del 15 %, arrastrada por la reducción de superficie en campañas previas y el auge de otras producciones como el arándano. Este último ha sido, sin duda, el cultivo estrella de la campaña, con un incremento del 10 % en producción y una superficie que sigue ganando peso en el mapa agrícola onubense. La mora, aunque sigue siendo el cultivo con menor implantación, ha crecido con fuerza: +18 % de superficie y buena acogida en los mercados, especialmente gracias a la introducción de nuevas variedades que permiten escalonar la recolección y mejorar la postcosecha.
Uno de los logros más destacados de esta campaña ha sido la mejora en los precios de exportación, en un contexto internacional de oferta contenida y fuerte demanda. Entre enero y mayo de 2025, las exportaciones de fresa aumentaron un 8 % en valor, superando los 616 millones de euros. El arándano también creció un 6 %, hasta los 231 millones. En contraste, la frambuesa y la mora vieron disminuir su facturación, aunque con un impacto moderado.
Retos del sector de los frutos rojos
El sector, no obstante, no pierde de vista los desafíos estructurales que marcarán el futuro inmediato. La presión hídrica, las exigencias normativas en sanidad vegetal y la creciente competencia de países como Marruecos, Perú o Portugal ponen en evidencia la necesidad de seguir apostando por la innovación. Desde Freshuelva, su gerente Rafael Domínguez ha insistido durante toda la campaña en la necesidad urgente de avanzar en infraestructuras hidráulicas que garanticen la disponibilidad de agua para el riego en las próximas campañas. “El futuro del sector no depende solo del clima, sino de nuestra capacidad de asegurar el agua, tecnificar las fincas y sostener la rentabilidad social y económica de esta actividad”, ha afirmado recientemente.
Nuevas variedades
En el terreno agronómico, la campaña ha mostrado el potencial de los nuevos materiales genéticos, donde la apuesta por variedades con diferentes ciclos de maduración permite reducir la dependencia del pico de primavera y evitar la saturación del mercado. La gestión integrada de plagas, el uso de cubiertas vegetales y algunas experiencias pioneras para el control biológico, comienzan a abrir paso en fincas que buscan combinar productividad y sostenibilidad.
Con la vista puesta en la campaña 2025/2026, los productores onubenses preparan ya una nueva hoja de ruta. La superficie total dedicada a frutos rojos volverá a crecer ligeramente, superando las 12.000 hectáreas, y se espera que el impulso del arándano y la mora se mantenga. Sin embargo, la evolución climática, la disponibilidad de agua y el acceso a una mano de obra suficiente volverán a ser los factores determinantes de una actividad que, pese a las adversidades, ha demostrado una vez más su capacidad de adaptación.