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En el Campo de Cartagena, una ingeniera técnica agrícola cobra lo mismo que un ingeniero

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Con motivo del Día Internacional de la Mujer #8M, Fundación Ingenio ha querido contar su historia de la mano de  Aurora Conesa, ingeniera técnica agrícola, que lleva más de 20 años de experiencia laboral en empresas y cooperativas hortofrutícolas del Campo de Cartagena.

“Cuando empecé apenas había mujeres y la diferencia salarial era más grande pero en la actualidad somos el mismo número de ingenieras que de ingenieros”, confiesa. “En el ámbito técnico del Campo de Cartagena no hay diferencias entre un hombre y una mujer, somos iguales en todos los aspectos, los ingenieros y las ingenieras estamos muy unidos, igual de capacitados para el trabajo y cobramos lo mismo”.

Esta ingeniera, que empezó haciendo ensayos de variedades de cultivo en hidropónico, lleva ahora la parte de calidad y certificaciones y brinda asesoramiento agronómico a los agricultores en el campo. “Yo creo que los agricultores se han adaptado perfectamente, tenemos una relación de confianza y amistad”, admite. “Estar tanto tiempo con agricultores ayuda a crear un vínculo profesional y personal gratificante”, señala. “Ahora mismo les ayudo a preparar toda la documentación que necesitan para cultivar y poder cumplir con la Ley del Mar Menor”, explica.

En todos estos años admite que el 90% de sus experiencias son positivas, destaca la unión y el compañerismo con todos los técnicos agrícolas. Asimismo revela que el trato con el agricultor es enriquecedor y que a pesar de las adversidades “el agricultor sabe amoldarse a los cambios. “La parte negativa es la mala imagen de la agricultura en el Campo de Cartagena”, lamenta

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En esa línea confiesa que la implicación con el agricultor es alta y que le afecta “mental y anímicamente” cuando siente que no puede ayudarles todo lo que quisiera. “Ellos viven de esto, invierten mucho en sus cultivos y ves como su trabajo y esfuerzo pueden peligrar”, avisa.

En su primer trabajo le preguntaron si tenía novio. “Si estaba comprometida con alguien significaba que me podía quedar embarazada y ese era un dato importante para contratarme o no”, rememora. Esta anécdota “retrograda” la recuerda con el paso de los años como algo curioso. “Cuando fui madre, me respetaron la jornada continua y pude conciliar”, comenta. No obstante considera que las empresas privadas requieren por lo general de técnicos que estén en jornadas completas y así es “difícil conciliar, aunque también depende de lo que negocies con la empresa”.

A su vez señala que en las épocas de mayor producción, “faltan horas de trabajo con lo que tienes que hacer un sobreesfuerzo e intentar combinar las dos cosas”, reconoce.

Con respecto a los puestos de responsabilidad, cree que todavía queda por avanzar ya que apenas hay mujeres en puestos de gerencia o dirección en las empresas agrarias. Aunque en ese sentido ella ha tenido capacidad de decisión. “Yo no he querido ser directora o jefa, prefiero estar en contacto con el agricultor, los compañeros y en el campo” finaliza.