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El futuro del riego en España: ¿estamos preparados para un escenario de escasez estructural de agua? 

El regadío español se ha modernizado hasta ser uno de los más eficientes, reduciendo el uso de agua y avanzando con digitalización e inteligencia artificial ante la escasez hídrica.

Por Redacción ECA

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El debate sobre el agua en España ha dejado de ser una cuestión coyuntural ligada a episodios de sequía para convertirse en un problema estructural que condiciona el futuro de la agricultura, la seguridad alimentaria y el equilibrio territorial del país. En este contexto, el regadío español, lejos de ser parte del problema, como algunos se empeñan en señalar, se ha consolidado como uno de los principales protagonistas en la búsqueda constante de soluciones encaminadas a la mejora de la eficiencia hídrica y en la adaptación al cambio climático. 

Desde Fenacore queremos subrayar un hecho que a menudo se pasa por alto en el debate público. Los regantes hemos sido los primeros en España en asumir que el recurso es limitado y que su gestión exige responsabilidad, inversión y planificación a largo plazo. Mucho antes de que la escasez estructural de agua entrara en la agenda política, el sector ya había iniciado un proceso sostenido de transformación profunda que nos llevó a iniciar y apostar por la modernización de nuestros regadíos para aprovechar hasta la última gota de agua. 

Un proceso de modernización sin precedentes 

Por eso, quiero recordar un hecho objetivo. El regadío español ha experimentado en las últimas dos décadas un proceso de modernización que ha cambiado radicalmente la forma de gestionar el agua en nuestros campos. Según los datos del propio sector y del Ministerio de Agricultura, la superficie de regadío modernizada en España se sitúa en torno al 80% del total, lo que supone aproximadamente casi dos millones de hectáreas adaptadas a sistemas de riego presurizado, goteo y aspersión, frente a los métodos tradicionales de inundación. 

La modernización de infraestructuras, impulsada por el Estado, las comunidades de regantes y los fondos europeos, se ha desarrollado de forma progresiva a través de distintos programas públicos, entre ellos los impulsados por la Sociedad Estatal de Infraestructuras Agrarias (SEIASA) y las distintas estrategias del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. 

Este esfuerzo acumulado en las últimas décadas se calcula en más de 5.000 millones de euros, aunque esta cifra no responde a un único programa presupuestario, sino a la suma de múltiples actuaciones y periodos. 

De hecho, el Ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, acaba de actualizar esta estrategia durante el XVI Congreso Nacional de Regantes que Fenacore acaba de celebrar en Ciudad Real. Durante su intervención en el acto de inauguración del Congreso, explicó que el Gobierno está ejecutando el mayor plan de modernización de regadíos de la historia, con una inversión de 2.700 millones de euros entre 2018 y 2027, que permitirá modernizar 750.000 hectáreas de regadíos, combinando actuaciones de infraestructura hidráulica, digitalización, telecontrol y mejora de la eficiencia energética. 

A esta cantidad hay que añadir los 200 millones que el PERTE de digitalización del regadío ha destinado ya a distintos proyectos y planes presentados por las Comunidades de Regantes de nuestro país, y que tienen el objetivo de aumentar la eficiencia en el uso de agua. 

El resultado es claro: el regadío español es hoy uno de los más eficientes de Europa y del mundo. Estamos a la vanguardia en el ahorro de agua y somos un ejemplo y referente para los regantes de muchos países, que vienen a España a conocer en profundidad este proceso. 

Sistema de regadío en España

Un ahorro de agua medible y real 

La modernización no es solo una cuestión tecnológica, sino un cambio estructural en la gestión del recurso. Diversos estudios del sector y la experiencia de las Comunidades de Regantes durante todos estos años estiman que los sistemas modernizados permiten reducir las pérdidas y optimizar el uso del agua en torno a un 25% de media en las extracciones, lo que supone millones de metros cúbicos ahorrados cada año. 

Este ahorro no es teórico. Se traduce en una mayor producción con menos agua, en la reducción de pérdidas por evaporación y filtraciones, y en una gestión más precisa de los recursos disponibles. En un país como España, donde entre el 70 y el 75% del agua dulce consumida se destina a la agricultura, este avance es determinante para la sostenibilidad del sistema. 

Pero el esfuerzo no termina aquí. Muy al contrario, somos conscientes de que la tendencia climática apunta a una reducción progresiva de la disponibilidad hídrica, acompañada de fenómenos extremos cada vez más frecuentes. La DANA de Valencia y las lluvias de principios de año en Andalucía y Extremadura son ejemplos de lo anterior. 

Cambio climático y escasez estructural 

El cambio climático ha introducido una variable que condiciona todo el sistema, la irregularidad. Sequías más prolongadas, lluvias más intensas y desiguales y una mayor presión sobre las cuencas hidrográficas obligan a replantear el modelo de gestión del agua. 

En Fenacore consideramos que ya no hablamos de episodios puntuales de sequía, sino de un escenario de escasez estructural de agua que exige una planificación estable y continuada. En este contexto, el regadío no solo debe adaptarse, sino liderar la transformación hacia un modelo de uso eficiente, tecnificado y sostenible.  

Y eso es lo que estamos haciendo. El futuro del regadío en España pasa necesariamente por mantener e intensificar la inversión en modernización. Las actuaciones previstas por el Ministerio de Agricultura en colaboración con las Comunidades de Regantes apuntan a continuar este proceso en los próximos años, con la ampliación de superficies modernizadas y la mejora de infraestructuras hidráulicas. 

El objetivo no es únicamente ahorrar agua, sino garantizar la competitividad del sector agrícola en un contexto internacional cada vez más exigente. La agricultura de regadío es responsable de una parte fundamental de la producción final agraria del país y constituye un pilar esencial para el mantenimiento del empleo y la actividad económica en el medio rural. 

Digitalización e inteligencia artificial: la nueva frontera 

La siguiente fase de la modernización ya no es solo hidráulica, sino digital. La incorporación de tecnologías de telecontrol, sensores de humedad, teledetección satelital e inteligencia artificial está transformando la gestión del agua en tiempo real. 

La digitalización permite ajustar el riego con una precisión milimétrica, optimizando cada gota de agua en función de las necesidades reales del cultivo. La inteligencia artificial aplicada a la agricultura, a través de modelos predictivos de consumo hídrico, análisis climáticos y gestión automatizada de redes, representa un salto cualitativo que permitirá seguir reduciendo el consumo sin comprometer la producción. 

La aplicación de la IA en nuestros regadíos podría generar ahorros añadidos a los anteriores del 25% de hasta un 10 % en el agua destinada al riego sin comprometer la producción, reforzando la eficiencia histórica del sector. 

Por esta razón, la inteligencia artificial se presenta como una herramienta decisiva para optimizar el uso del agua, mejorar la eficiencia, implementar una gestión predictiva, autorregular los consumos y reducir pérdidas. Todo esto avanzando desde el apoyo a la decisión hacia sistemas autónomos que perciben, razonan y actúan directamente sobre las infraestructuras de riego, con tecnologías como gemelos digitales, aprendizaje automático y modelos de deep learning.  

Este proceso ya está en marcha, pero su expansión requiere inversión, formación y un marco regulatorio estable que acompañe la innovación en lugar de frenarla. 

Es importante insistir en que el regadío español no es ajeno a la sostenibilidad, sino todo lo contrario. La modernización ha permitido no solo ahorrar agua, sino también reducir el consumo energético, mejorar la fertilización eficiente y disminuir el impacto ambiental de la actividad agrícola. 

El modelo de regadío moderno contribuye además a la fijación de población en el medio rural, a la lucha contra la despoblación y a la vertebración del territorio. Allí donde hay regadío, hay actividad económica, empleo y futuro. 

La pregunta no es si España se enfrenta a una escasez estructural de agua, sino si estamos preparados para gestionarla de forma eficiente. La respuesta depende de nuestra capacidad colectiva para seguir apostando por la modernización, la innovación y la planificación a largo plazo. 

En Fenacore hemos demostrado que es posible producir más con menos agua. Pero para consolidar este modelo será necesario mantener el esfuerzo inversor, acelerar la digitalización y garantizar un marco estable que reconozca el papel estratégico de la agricultura de regadío. 

El agua es un recurso limitado. El conocimiento, la tecnología y la voluntad de adaptación no lo son. Y ahí es donde se juega el futuro del campo español. 

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