La escalada de tensión en Oriente Medio puede tener efectos más allá de la geopolítica. En el mercado del pistacho, donde la oferta mundial apenas cubre la demanda, cualquier alteración en las exportaciones de Irán, uno de los principales productores del mundo, puede trasladarse rápidamente a los precios.
Por Julia Álvarez, periodista
Según estimaciones de organismos sectoriales y del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), Irán produjo en la campaña 2024/25 alrededor de 225.000 toneladas de pistacho y exportó la mayor parte de esa producción, en torno a 212.000 toneladas, lo que equivale aproximadamente al 94 % del total.
Se trata, por tanto, de un exportador estructural cuya actividad depende de la normalidad en las rutas comerciales, el transporte y los sistemas de financiación internacional.
Por qué el conflicto puede encarecer el pistacho
Irán es uno de los principales productores de pistacho del mundo, responsable de aproximadamente un tercio de la producción global. A diferencia de otros mercados agrícolas con mayor absorción doméstica, el equilibrio del sector iraní descansa esencialmente en su capacidad de colocar el producto en el exterior, por lo que cualquier alteración en esas rutas comerciales puede trasladarse con rapidez a los precios internacionales.
En este mercado, a diferencia de otros productos agrícolas, no suele haber excedentes. Esto significa que, si parte del suministro desaparece, el mercado tiene poca capacidad de reacción inmediata. “Todos los pistachos que se producen en el planeta se venden”, nos explica Ignacio Solas, director técnico en Viridi Horizons, empresa dedicada al cultivo, procesado y transformación del pistacho.
Esto implica que cualquier interrupción en el suministro puede generar tensiones inmediatas en el mercado. “Si por cualquier motivo un camión de pistacho iraní no puede salir del país, ese comprador tiene que conseguir ese producto en otro sitio”, señala Solas. En ese escenario, el comprador tendrá que competir con otros clientes por un volumen limitado, lo que puede traducirse en subidas de precio a corto plazo.
Aun así, advierte de que es imposible prever la magnitud de esa subida. “El precio puede aumentar durante unos meses, pero depende de muchas variables; cuántas exportaciones se vean afectadas o cuánto tiempo dure la situación”.
España busca su hueco en un mercado tensionado
Europa refleja bien este desequilibrio estructural entre oferta y demanda. El consumo comunitario se sitúa entre 150.000 y 200.000 toneladas anuales, mientras que la producción nacional apenas alcanza entre 6.000 y 8.000 toneladas.
En este contexto de conflicto y tensión en Oriente Medio, España aparece como uno de los territorios con mayor potencial de crecimiento dentro de Europa. Actualmente, la superficie nacional dedicada al pistacho se sitúa en torno a las 85.000 hectáreas, tras años de expansión del cultivo impulsada por su rentabilidad y la creciente demanda internacional.
Sin embargo, el crecimiento no parece haberse frenado. Según explica Solas, el sector seguirá ampliando superficie en los próximos años. “Estamos en torno a las 84.000 hectáreas y se va a seguir plantando pistacho en España. Superaremos las 100.000 hectáreas en los próximos años”, afirma. En su opinión, ese umbral podría alcanzarse incluso en un horizonte relativamente cercano.
Cubrir la demanda sin agotar los recursos hídricos
Parte de esta expansión responde a proyectos empresariales que están apostando por el cultivo a gran escala. En el caso de Viridi, la estrategia pasa por ampliar progresivamente su superficie plantada: la compañía ya cuenta con miles de hectáreas entre plantaciones propias y gestionadas, con planes de seguir incrementándolas en los próximos años.
Aun así, el reto no se limita a aumentar la superficie cultivada, sino a mantener los estándares de calidad que caracterizan al producto nacional. Por este motivo, el desarrollo del sector podría pasar por mantener un modelo de cultivo adaptado al clima mediterráneo, con explotaciones de secano o regadíos limitados. Un enfoque que permitiría preservar las cualidades del producto y ha contribuido a posicionar el pistacho español en segmentos de mayor valor añadido dentro del mercado europeo.
El pistacho español se ha posicionado en los últimos años como un producto de alta gama gracias a sus características organolépticas. Según explica Ignacio Solas, esta calidad está estrechamente ligada a las condiciones de cultivo, especialmente al manejo del agua.
“En la misma superficie podemos tener el mismo número de árboles que otros países, pero allí producen más porque utilizan más agua y fertilización. Aquí, las limitaciones hídricas hacen que el rendimiento sea menor, pero también que el pistacho sea más rico en sabor”.
¿Hasta cuándo puede durar esta ventana?
Aunque el conflicto en Oriente Medio podría intensificar la presión sobre los precios a corto y medio plazo, el impacto real dependerá de cuánto duren esas tensiones y de cómo evolucionen otros grandes productores, especialmente Estados Unidos, que sigue siendo el principal proveedor mundial.
En cualquier caso, la situación actual pone de manifiesto una realidad estructural del mercado del pistacho: cuando la oferta es ajustada y la demanda firme, cualquier choque de suministro puede traducirse en precios más altos y nuevas oportunidades para productores emergentes como España, en un contexto de precios al alza para los consumidores.