A pesar de mantener una superficie cultivada prácticamente estable, el ajo español cierra la campaña 2025 con una caída del 15 % en la producción, golpeado por condiciones climáticas adversas y problemas estructurales que ponen en jaque su viabilidad.
El cultivo de ajo español morado vuelve a ser el más afectado. Su superficie se reduce un 8 % frente a la campaña anterior, consolidando una preocupante tendencia descendente que contrasta con otras variedades más resistentes o rentables. El calibre reducido de los bulbos, provocado por un marzo lluvioso y un inicio de verano abruptamente caluroso, ha limitado el rendimiento en zonas clave como Castilla-La Mancha. Aun así, el sector destaca la notable calidad del producto final en términos de aspecto, sanidad y conservación.
Más allá de lo climático, la producción se ve mermada por factores que el sector ya considera estructurales: escasez de materias fitosanitarias eficaces, aumento constante de costes laborales y agrícolas, robos organizados en el campo, y la dificultad creciente para acceder a terrenos adecuados.
Aunque los precios en origen han sido favorables, no compensan la reducción en rendimiento ni el aumento de costes, advierten desde el sector productor. Las previsiones para 2026 no invitan al optimismo: si no se implementan medidas correctoras, se prevé una nueva contracción en la superficie sembrada.
El presidente de ANPCA, Juan Salvador Peregrin, lanza un mensaje claro: “El consumidor europeo debe valorar el esfuerzo de los agricultores por mantener un producto con sello español”. ANPCA representa más del 80 % del ajo comercializado en España y el 65 % de toda Europa, con 67 empresas y cerca de 1.800 productores asociados.
Ante esta situación, el sector reclama una estrategia firme por parte de administraciones y mercados para aliviar la presión sobre los productores y garantizar el futuro de un cultivo emblemático, esencial en la dieta mediterránea y en la oferta agroalimentaria europea.