En cuestión de horas, el esfuerzo de todo un año puede quedar reducido a cenizas. Los incendios que este verano han arrasado extensas zonas de España no solo han calcinado bosques, sino también miles de hectáreas de cultivo, invernaderos, almacenes y la maquinaria con la que los agricultores sostienen su medio de vida.
Por: Bárbara Aguayo Martínez. Periodista agroalimentaria
En provincias como Lérida, Ourense o Toledo, el fuego ha avanzado con tal intensidad que ha devorado cosechas enteras de cereales, olivos y viñedos listos para su recolección. Tractores, sistemas de riego y aperos agrícolas han quedado inutilizables, multiplicando las pérdidas económicas y dejando a muchas explotaciones sin capacidad de reanudar su actividad en la próxima campaña.
La superficie calcinada en España en lo que va de 2025 es más del doble que la que ardió durante todo 2024, cuando se registraron 219 fuegos.
El daño no es solo material. El calor extremo y la combustión de materia orgánica degradan la fertilidad del suelo, destruyen microorganismos esenciales y favorecen la erosión. Recuperar la productividad de esas tierras puede llevar años y exigir costosos procesos de restauración.
Para los agricultores, el impacto se traduce en un golpe directo a sus ingresos, pero también en un retroceso para la seguridad alimentaria y la economía rural. Asociaciones agrarias reclaman ayudas urgentes, seguros más completos y una estrategia de prevención que incluya la recuperación de zonas agrícolas abandonadas, que hoy actúan como combustible para las llamas.
Castilla y León y las provincia de Ourense y Cáceres son las Comunidades más afectadas
Mientras tanto, en muchos pueblos el paisaje ha cambiado de forma dramática: donde hace apenas unas semanas había campos verdes y maquinaria trabajando, hoy solo quedan estructuras calcinadas, montones de chatarra y un olor persistente a humo.
Cultivos que más se pueden ver afectados
- Olivar
- Viñedos
- Tomate y patata
- Cereales y girasol
- Ganadería