Por Julia Álvarez García, periodista
España vuelve a regularizar. Veinticinco años después de la última gran medida extraordinaria, el Gobierno prepara un nuevo proceso para dar cobertura legal a miles de personas migrantes que ya viven y trabajan en el país.
La iniciativa ha reactivado un debate político marcado por la polarización, aunque sectores como el agrario la interpretan menos como una concesión y más como una necesidad práctica.
Si algo tienen claro las organizaciones es que la nueva regulación viene a mitigar la cruda realidad del rechazo al sector y la dificultad de cubrir puestos de trabajo esenciales. No obstante, advierten de que la regularización, por sí sola, no resolverá los problemas estructurales que condicionan el arraigo de la mano de obra en el medio rural. La falta de vivienda asequible, la precariedad de los servicios básicos y la escasa conectividad en muchas zonas rurales siguen siendo factores determinantes para que los trabajadores puedan asentarse de forma estable.
En 2005, más de medio millón de personas pasaron por un proceso similar de regularización. “Entonces se dijo que iban a competir con los nacionales, y se demostró que no fue así”, recuerda Manuel Piedra, secretario de migraciones en UPA, aunque matiza que el contexto actual es distinto y que el impacto directo sobre el sector agrario podría ser limitado.
“Estamos hablando de personas que ya están aquí, que ya están trabajando, que ya forman parte del sistema”, explica. “No se trata de abrir un efecto llamada, sino de dar cobertura legal a una realidad que ya existe”.
En el campo, la presencia de trabajadores extranjeros es un elemento estructural. Según datos oficiales, la mano de obra asalariada representa ya el 48,9% del total en las explotaciones agrarias, y en muchas campañas intensivas la proporción de trabajadores de origen migrante es mayoritaria. No se trata de sustituir empleo nacional, sino de cubrir vacantes que no encuentran relevo.
“La agricultura necesita mano de obra, es una realidad”, resume Piedra. “Si necesito 60 trabajadores para una campaña, dos o tres serán españoles. El resto son personas migrantes. Esa es la estructura real del campo hoy”.
El “efecto trampolín” y la temporalidad estructural del campo
A pesar de que el sector agrario depende en gran medida de la mano de obra migrante, la estabilidad de estos trabajadores en el tiempo no está asegurada. La regularización puede facilitar el acceso al empleo formal, pero no garantiza la permanencia. “La mayoría, cuando ya llevan un año con la documentación legalizada, buscan otras actividades”, reconoce Piedra. En muchos casos, el campo opera como una primera puerta de entrada al mercado laboral, más que como un destino profesional a largo plazo.
Desde ASAJA, Juan José Álvarez, secretario de organización, subraya que este fenómeno está directamente ligado a la dureza del trabajo agrícola y a su marcada estacionalidad: “El sector agrario funciona como un trampolín. Muchos empiezan aquí, pero terminan incorporándose a otros sectores como la hostelería, la construcción o los servicios”. Para las explotaciones esta rotación constante supone un reto añadido, dificultando la planificación de campañas, incrementando los costes de contratación y reduciendo la capacidad de fidelizar personal cualificado.
En la misma línea, Andrés Góngora, secretario provincial de COAG Almería, apunta que la falta de estabilidad no solo responde a la propia idiosincrasia del sector, sino también a las dificultades administrativas y sociales que afrontan muchos trabajadores. “Durante un tiempo están en una situación legal que no les permite alquilar una vivienda, empadronarse o desplazarse con normalidad para trabajar”, explica.
La consecuencia más visible de esa inestabilidad es, en muchos territorios, la proliferación de asentamientos informales. “Durante un tiempo estas personas se encuentran en un limbo legal absoluto. No pueden alquilar una vivienda, empadronarse o incluso tener un vehículo para desplazarse al trabajo”, explica Góngora. Así la regularización puede favorecer una mayor estabilidad y contribuir a reducir esta situación aunque advierte , “ para su erradicación haría falta una política de vivienda mucho más ambiciosa”.
La vivienda pública, clave para erradicar asentamientos y fidelizar mano de obra agraria
La falta de alojamientos dignos se ha convertido en un factor crítico para ordenar el mercado laboral agrario y reducir la dependencia de intermediarios informales. “En las explotaciones no se puede vivir, las personas tienen que vivir en el pueblo”, explican desde COAG. “Muchas parcelas carecen de servicios esenciales y, en muchos casos, se encuentran a varios kilómetros de los núcleos urbanos, sin transporte público, sin agua corriente ni alcantarillado. No se puede plantear que se viva a 15 o 20 kilómetros del pueblo por un camino de tierra, sin lo básico para la vida diaria”, subrayan.
ASAJA coincide en que aunque en la contratación en origen se facilita alojamiento temporal durante las campañas, el déficit estructural de vivienda, transporte, conectividad y servicios hace muy difícil retener mano de obra local o migrante en las zonas rurales, un problema ligado al despoblamiento y que, según la organización, “se lleva años hablando sin que se terminen de aplicar soluciones efectivas”.
El desafío de retener mano de obra agraria
La contratación en origen se presenta como una herramienta formal para cubrir la mano de obra en campañas agrícolas, pero su alcance sigue siendo limitado. “Es un buen método, pero fuera de determinados cultivos su aplicación es muy residual”, explica Góngora. A ello se suma que muchos procesos requieren autorizaciones que no siempre se conceden en subdelegaciones de Gobierno o en oficinas de extranjeros, lo que ralentiza la llegada de los trabajadores y su empadronamiento.
La cuestión se complica cuando algunas personas no retornan a sus países de origen al finalizar la campaña. “El problema no es la inmigración regular, el problema es la irregularidad”, advierte Manuel Piedra. “Surgen redes informales que cobran por gestiones o prometen empleos que no siempre existen cuando los trabajadores carecen de documentación”.
Este vacío legal se une a factores estructurales del sector como la dureza física de las campañas, la temporalidad y la subida de costes laborales, que según ASAJA ha reducido los márgenes de las explotaciones. “Los subsidios por desempleo, su compatibilidad y duración, también pueden desincentivar la participación en campañas agrícolas”, añade.
El resultado es un círculo vicioso. Los retrasos burocráticos dificultan la integración de los trabajadores en el sistema formal; la falta de vivienda digna y servicios básicos en zonas rurales obliga a muchos a permanecer en asentamientos; y la combinación de estos factores alimenta circuitos informales que el sector necesita corregir para asegurar mano de obra estable y cumplir con las exigencias regulatorias y sociales.
Aunque los salarios están pactados en convenio y el problema no es tanto retributivo como de disponibilidad, la falta de vías ágiles y de condiciones de vida adecuadas limita la fidelización de la mano de obra, dejando al sector atrapado entre la necesidad de trabajadores y las restricciones estructurales que impiden retenerlos.
Claves para el futuro del sector
Aunque la regularización de migrantes contribuye a mejorar las condiciones de estos trabajadores, la ausencia de una estrategia integral que integre planes a favor de construcción de vivienda asequible, servicios básicos y programas de integración social seguirá perpetuando su aislamiento y limitando su inclusión en la sociedad. Abordar estos desafíos de manera coordinada resulta clave no solo para la estabilidad del sector agrario, sino también para reconocer que detrás de cada trabajador hay personas con derechos, necesidades y vidas propias.
1 comentario en «¿Qué supone la nueva regularización de migrantes para el sector agroalimentario?»
La agricultura no es un “trampolín” por capricho, sino porque las condiciones empujan a marcharse. Con trabajo duro, temporalidad, falta de vivienda y sin transporte ni servicios básicos, lo raro no es que la gente se vaya, sino que alguien se quede. La precariedad expulsa.