Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el índice se ha situado en junio en 130,3 puntos, 0,4 puntos menos que en mayo. En comparación con junio de 2025, el indicador se mantiene un 1,7 % por encima, aunque todavía está un 18,7 % por debajo del pico registrado en marzo de 2022, cuando la escalada internacional de los precios alimentarios alcanzó su punto más crítico.
La lectura del mes confirma que la tensión alimentaria global no ha desaparecido, sino que se ha desplazado entre categorías. El abaratamiento de cereales, azúcar y productos lácteos ha compensado el encarecimiento de la carne y de los aceites vegetales, dos grupos con un peso estratégico en la industria alimentaria, los costes de transformación y la cesta de la compra.
Los cereales bajan por mejores perspectivas de cosecha
El índice de precios de los cereales ha descendido en junio hasta los 110,2 puntos, un 3,5% menos que en mayo, aunque todavía se mantiene un 2,7% por encima del nivel registrado un año antes. La caída ha estado liderada por el trigo, cuyos precios internacionales han bajado un 4,4%, apoyados por el rápido avance de la cosecha y unas perspectivas de suministro favorables en la región del mar Negro.
También el maíz ha registrado una corrección significativa, con un descenso del 6,2%, en un contexto de previsión de abundantes disponibilidades en países exportadores de América del Sur. A ello se ha sumado el efecto de la bajada del petróleo, que ha reducido la presión procedente de la demanda de biocombustibles.

La cebada y el sorgo han seguido la misma tendencia, con caídas del 3,4% y del 7,7%, respectivamente. En cambio, el arroz ha evolucionado al alza: el índice de precios de este producto ha subido un 3,2 %, impulsado por una mayor demanda asiática de arroz índica, junto con preocupaciones meteorológicas y costes elevados de producción, transporte y comercialización.
Los aceites vegetales vuelven a tensar el mercado
Frente al alivio de los cereales, los aceites vegetales han protagonizado una de las principales subidas del mes. El índice de la FAO para este grupo ha alcanzado los 192 puntos en junio, un 3,8 % más que en mayo y un 23,3 % por encima de su nivel de junio de 2025.
El repunte responde, principalmente, al encarecimiento de los aceites de palma y colza. En el caso del aceite de palma, la FAO apunta a unas expectativas de menor disponibilidad exportable en Indonesia, por el aumento de la demanda interna para biodiésel y por la posible reducción de rendimientos. En la colza, el mercado sigue condicionado por una demanda firme para biocombustibles y por condiciones meteorológicas desfavorables en zonas productoras de Australia y Canadá.
El aceite de girasol se ha mantenido relativamente estable, mientras que el aceite de soja ha descendido ligeramente por el aumento estacional de la oferta en América del Sur y la caída del crudo.
La carne alcanza un nuevo récord
El dato más relevante del informe de junio está en la carne. El índice de precios de este grupo ha subido hasta los 131 puntos, un 0,4 % más que en mayo y un 4 % por encima del nivel de hace un año. Con este avance, la FAO confirma que la carne ha alcanzado un nuevo máximo histórico.
La subida se explica, sobre todo, por el aumento de los precios internacionales de la carne de ave, especialmente en Brasil, donde la fuerte demanda importadora global ha coincidido con una disponibilidad interna más ajustada tras los ajustes de producción derivados de una situación previa de sobreoferta.
También ha repuntado la carne ovina, sostenida por una demanda firme y por una oferta exportable limitada. En sentido contrario, la carne de porcino ha seguido bajando, condicionada por la abundancia de suministros en la Unión Europea y por una demanda débil en varios mercados asiáticos. La carne de bovino ha registrado un leve descenso, principalmente por la caída de las cotizaciones en Australia ante la previsión de mayor disponibilidad exportable en el tercer trimestre.
Lácteos y azúcar contribuyen a contener el índice
Los productos lácteos han reducido su índice hasta los 117,4 puntos, un 1,5 % menos que en mayo y un 24,5 % por debajo del nivel de junio de 2025. La FAO señala bajadas generalizadas en mantequilla, queso y leche en polvo, aunque con comportamientos distintos según el producto.
La leche desnatada en polvo ha interrumpido una racha de cinco meses de subidas, favorecida por la recuperación de la producción en la Unión Europea y por una mayor disponibilidad en Estados Unidos. La leche entera en polvo ha bajado por la debilidad de la demanda china, mientras que la mantequilla y el queso han seguido presionados por el aumento de la producción y de la oferta exportable.
El azúcar también ha contribuido a moderar el índice general. Su indicador ha caído hasta los 89,7 puntos, un 5,7 % menos que en mayo y un 13,3 % por debajo del nivel de hace un año. La bajada se ha visto favorecida por el descenso del precio interno del etanol en Brasil, que ha incentivado una mayor orientación de la caña hacia la producción de azúcar, así como por el fuerte ritmo de las exportaciones brasileñas.
No obstante, la FAO advierte de que persisten incertidumbres sobre el impacto de El Niño en la producción de azúcar de países clave como India y Tailandia durante la campaña 2026/2027, lo que ha limitado una caída más pronunciada de los precios internacionales.
Una estabilidad aparente con tensiones de fondo
El informe de junio muestra una imagen de equilibrio frágil. El índice global apenas se mueve, pero los mercados alimentarios continúan expuestos a factores meteorológicos, energéticos, logísticos y geopolíticos. La evolución de los aceites vegetales confirma la influencia creciente de la demanda de biocombustibles en los precios agrarios, mientras que el récord de la carne refleja la presión de la demanda internacional sobre determinadas proteínas animales.
Para el sector agroalimentario, la señal es clara: la moderación del índice general no implica una normalización completa de los mercados. La alimentación mundial sigue dependiendo de un equilibrio cada vez más sensible entre cosechas, energía, comercio exterior, clima y disponibilidad de materias primas.