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La UE refuerza con 846 millones la reconstrucción del campo valenciano tras la DANA

La ayuda, procedente del Fondo de Solidaridad de la UE, refuerza la recuperación de infraestructuras críticas y territorios afectados por las inundaciones de octubre de 2024

Por M Angeles Camacho Ruiz

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Sede de la Comisión Europea en Bruselas. Foto/ Cooperativas Agro-alimentarias de España

La Comisión Europea ha aprobado el pago de 846 millones de euros a España con cargo al Fondo de Solidaridad de la Unión Europea para apoyar la reconstrucción tras las inundaciones que golpearon la Comunitat Valenciana en octubre de 2024. El desembolso, anunciado este 24 de junio, complementa el anticipo de emergencia de 100 millones de euros transferido en marzo de 2025 y eleva el apoyo europeo a una cifra cercana a los 1.000 millones de euros.

El pago supone uno de los mayores respaldos movilizados por la Unión Europea ante una catástrofe natural y llega en una fase clave del proceso de recuperación, cuando muchas de las actuaciones de emergencia han dado paso a obras de reconstrucción, reparación de infraestructuras y recuperación de servicios esenciales.

Aunque la ayuda no se plantea como una línea agraria directa, su impacto puede ser relevante para territorios rurales y zonas productivas afectadas, en la medida en que el Fondo de Solidaridad permite financiar actuaciones de emergencia y recuperación vinculadas a infraestructuras críticas, abastecimiento de agua, transporte, limpieza, protección de la población y restauración de servicios básicos.

Una catástrofe con impacto territorial y productivo

La DANA registrada a finales de octubre de 2024 provocó una de las catástrofes naturales más graves de la historia reciente de España. Las lluvias torrenciales causaron daños humanos, sociales, económicos y materiales de enorme magnitud, especialmente en la provincia de Valencia, con municipios enteros afectados por inundaciones, destrucción de viviendas, daños en empresas, interrupción de servicios e infraestructuras colapsadas.

En el ámbito agroalimentario, el impacto fue especialmente complejo por la propia estructura del territorio afectado. Según la información del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el episodio afectó directamente a explotaciones agrarias, infraestructuras rurales y medios de producción. Entre los daños identificados figuran deformaciones del terreno, arrastres, depósitos de lodos y gravas, deterioro o desaparición de caminos de acceso a parcelas, afecciones en sistemas de riego, colmatación de acequias, obstrucciones, rotura de cabezales, daños en redes de goteo y pérdida de elementos productivos.

La superficie afectada se distribuyó de forma muy fragmentada, con numerosos recintos de pequeña dimensión, lo que ha dificultado la respuesta técnica y administrativa. Esta atomización es especialmente significativa en la Comunitat Valenciana, donde una parte muy elevada de las explotaciones agrarias tiene menos de cinco hectáreas.

Reconstrucción, agua y accesibilidad

El desembolso europeo llega en un contexto en el que la reconstrucción no se limita a reponer lo destruido, sino que obliga a revisar la resiliencia de las infraestructuras frente a fenómenos meteorológicos extremos cada vez más severos.

Para el sector agroalimentario, la recuperación de caminos rurales, sistemas de riego, acequias, accesos a explotaciones, infraestructuras hidráulicas y redes de suministro resulta determinante para evitar que los daños deriven en pérdida permanente de capacidad productiva. En muchas zonas, la actividad agrícola no depende únicamente de la reparación de una parcela concreta, sino de la recuperación de todo un entramado territorial: agua, caminos, energía, logística, transporte y servicios básicos.

El Fondo de Solidaridad de la UE está diseñado precisamente para complementar el gasto público de los Estados miembros tras grandes catástrofes. Entre las actuaciones que puede cubrir figuran la restauración inmediata de infraestructuras esenciales, el alojamiento temporal, los servicios de emergencia, la limpieza de zonas dañadas, la protección del patrimonio cultural y otras medidas urgentes de recuperación.

Europa moviliza solidaridad ante fenómenos extremos

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha enmarcado el pago en la respuesta solidaria de la Unión ante catástrofes de gran magnitud. La ayuda a España se sitúa entre las mayores asignaciones concedidas por este instrumento europeo, creado para responder a desastres naturales graves y emergencias de gran impacto.

El desembolso de 846 millones se suma a las medidas nacionales y autonómicas ya activadas para compensar daños, restaurar infraestructuras, recuperar explotaciones agrarias, apoyar a empresas afectadas y restablecer servicios esenciales. En el caso del sector primario, el Ministerio de Agricultura ha desplegado ayudas directas, actuaciones de reparación y medidas de apoyo financiero destinadas a sostener la actividad en las zonas dañadas.

El reto: que la ayuda llegue a la reconstrucción real

La llegada de estos fondos europeos abre una nueva fase en la recuperación tras la DANA. El reto estará ahora en la ejecución eficaz, transparente y coordinada de los recursos, especialmente en aquellos municipios donde la reconstrucción sigue condicionando la vida diaria, la movilidad, la actividad empresarial y la continuidad de explotaciones agrarias.

Para el campo valenciano, la reconstrucción no puede medirse únicamente en términos de obra pública. Recuperar una zona afectada implica restablecer su capacidad productiva, garantizar el acceso a las parcelas, reparar redes de riego, asegurar el suministro de agua y energía, facilitar la movilidad rural y evitar que los daños acumulados aceleren el abandono de explotaciones.

La ayuda europea supone, por tanto, un respaldo financiero de gran alcance, pero también una responsabilidad institucional: convertir los fondos en soluciones visibles para los territorios afectados. En un escenario de mayor exposición a eventos climáticos extremos, la reconstrucción de Valencia será también una prueba sobre cómo Europa, España y las administraciones territoriales son capaces de proteger infraestructuras, tejido productivo y población ante futuras catástrofes.

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