El viverismo se encuentra en un proceso de transformación marcado por la presión climática, la evolución normativa y la necesidad de mejorar la rentabilidad en campo. En este escenario, Arboris Olympum plantea un cambio de enfoque: producir únicamente aquello que ha sido previamente validado desde el conocimiento técnico y la demanda real.
El proyecto, presentado por Sergi Font, CEO de Quality Plant, y Gabriela Simon, responsable de I+D, ha propuesto superar el modelo tradicional basado en volumen para avanzar hacia un sistema de producción planificado, colaborativo y orientado al agricultor. “Durante años se ha producido sin una estrategia definida, intentando dar salida después a la planta. Hoy hemos trabajado con un enfoque inverso: producimos en función del proyecto del cliente”, ha explicado Font.
Producción basada en conocimiento
Este modelo se ha sustentado en una premisa clara: no producir sin información. Arboris Olympum ha articulado su propuesta en torno al conocimiento profundo de las variedades, su comportamiento agronómico y su adaptación a cada entorno productivo. Para ello, el proyecto ha mantenido una colaboración directa con obtentores, garantizando material vegetal certificado y el cumplimiento de la normativa internacional. “No se ha tratado solo de disponer de una variedad, sino de conocer su manejo y su respuesta en condiciones reales”, ha subrayado Font.
La base operativa del proyecto se ha situado en una finca experimental de cuatro hectáreas en Alcarràs, donde se han evaluado más de 400 variedades, con previsión de alcanzar las 600 en 2027, incluyendo fruta de hueso y de pepita. Según ha detallado Gabriela Simón, la ubicación ha respondido a criterios técnicos como el potencial en grados Brix, el drenaje del suelo y unas condiciones climáticas adecuadas para el desarrollo de estos cultivos.
Tecnología y reducción del riesgo
El sistema de evaluación ha abarcado todo el ciclo productivo. En campo, se han analizado parámetros como la floración, el cuajado, la resistencia a heladas, el desarrollo del fruto, la carga productiva o la adaptación territorial, así como posibles fisiopatías asociadas al cambio climático. A este análisis se ha sumado la evaluación en poscosecha, donde se han estudiado la conservación, la calidad organoléptica y el comportamiento comercial de cada variedad, con el objetivo de garantizar fruta con mayor vida útil y mejores condiciones de comercialización.
La integración de tecnología ha permitido monitorizar variables críticas y reducir la incertidumbre productiva. Sensores de humedad y conductividad eléctrica, sondas de succión, sistemas de protección y modelos dinámicos de horas de frío han formado parte de una infraestructura orientada a la toma de decisiones basada en datos. “Hemos trabajado para generar información objetiva y transferible al agricultor”, ha indicado Simón.
Desde el ámbito comercial, Arboris Olympum ha planteado un cambio en el papel del vivero dentro de la cadena de valor. Así, Javier Orellana ha añadido que “tradicionalmente hemos sido el final de la cadena. Ahora hemos querido ser el inicio”. El proyecto ha iniciado su consolidación en mercados europeos como España, Italia, Portugal, Francia y Suiza, con una expansión prevista hacia países emergentes de Asia Central y el Cáucaso.
En un contexto de creciente incertidumbre climática, Arboris Olympum ha planteado un modelo basado en la anticipación, el conocimiento técnico y la colaboración, orientado a mejorar la eficiencia productiva y aportar valor a toda la cadena agroalimentaria.