El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) publicó en noviembre de 2025 unas previsiones históricas para la campaña de almendra 2025/2026, con una estimación de 467.521 toneladas, un 24% más que en la campaña anterior.
Aquellas cifras se sustentaban en la entrada en producción de nuevas plantaciones y en la recuperación hídrica tras varios años de sequía.
Sin embargo, la evolución real del cultivo está mostrando una fotografía más matizada. El invierno lluvioso, la prolongación de la floración, los episodios de heladas y el comportamiento desigual entre zonas apuntan a que la producción final será similar a la de la campaña pasada o ligeramente superior, pero lejos del escenario excepcional previsto inicialmente.
La floración, factor determinante
Con la campaña ya avanzada, el almendro se encuentra mayoritariamente en los estados fenológicos I (fruto joven) y J (crecimiento del fruto), aunque con una evolución muy desigual entre zonas, fincas e incluso dentro del mismo árbol.
La floración, condicionada por lluvias intermitentes y descensos puntuales de temperatura, se ha prolongado más de lo habitual, generando un escalonamiento que ahora se refleja en el desarrollo del fruto.
“Este año la floración se ha alargado y eso ha provocado mucha variabilidad. Han cuajado mejor las primeras flores, mientras que las más tardías, sobre todo en zonas como Extremadura o Andalucía, se están abortando”, explica Manuel Iglesias Contreras, técnico asesor de BALAM Agriculture y especialista en almendro.
Esta heterogeneidad, visible en la coexistencia de frutos de distintos tamaños en un mismo árbol, será determinante para explicar por qué la campaña no alcanzará el potencial máximo previsto.
Lluvias: necesarias, pero con efectos sobre el cuajado y la sanidad
Las lluvias han sido un elemento decisivo en esta campaña. Por un lado, han permitido recuperar las reservas hídricas y sostener un potencial productivo que habría sido imposible en condiciones de sequía. Por otro, han introducido factores que han limitado el cuajado.
Durante los días nublados o lluviosos, la actividad de las abejas se redujo notablemente, afectando tanto a variedades dependientes de polinización cruzada como a las autocompatibles. A ello se sumaron lavados puntuales del tubo polínico y un aumento generalizado de la humedad relativa, que ha favorecido la aparición de enfermedades como monilia, fusicoccum, clasterosporium o phytophthora.
En suelos pesados, como los del Valle del Guadalquivir, la saturación de agua ha derivado incluso en episodios de asfixia radicular. En sistemas intensivos y superintensivos, la mayor densidad y la menor aireación han incrementado la presión sanitaria, obligando a un manejo más técnico y constante.
En conjunto, las lluvias han aportado el agua necesaria para sostener el cultivo, pero también han reducido el cuajado en las floraciones tardías y han elevado la presión de enfermedades. Esto explica que la campaña se sitúe en niveles similares a la pasada o ligeramente superiores.
Heladas: el principal factor de recorte en zonas concretas
Las heladas tardías han sido determinantes en zonas de secano y de mayor altitud, donde el cultivo ha sufrido daños severos. En el Altiplano granadino, las temperaturas durante la floración descendieron hasta los –5 ºC, con pérdidas que oscilan entre el 80% y el 100% de la producción. En Almería, los daños rondan el 70%, y en puntos concretos de Castilla-La Mancha y del Valle del Ebro también se han registrado afecciones.
“Estas zonas habrían tenido reservas hídricas suficientes para una gran campaña, pero las heladas han truncado ese potencial”, señala Iglesias.
El contraste con las áreas de regadío o con sistemas intensivos es notable: allí donde no se han producido heladas, el cultivo mantiene un comportamiento sólido y un elevado potencial productivo.
Variedades y sistemas de plantación: claves para la estabilidad
La evolución del almendro en España no puede entenderse sin dos pilares que han transformado el cultivo: la elección varietal y los sistemas de plantación. Iglesias insiste en que “las variedades autocompatibles son la mejor opción y, en zonas frías, las tardías e incluso extratardías resultan fundamentales”.
La resistencia varietal a enfermedades cobra especial importancia en años húmedos, con materiales como Lauranne o Marta mostrando un comportamiento más estable frente a patologías como la antracnosis, mientras que otras variedades, como Soleta, presentan mayor sensibilidad.
Por su parte, los sistemas intensivos y superintensivos han permitido mejorar la regularidad productiva, la mecanización y el control del manejo, aunque también exigen una vigilancia sanitaria más estricta en campañas húmedas.
La combinación de variedad, sistema y manejo es, hoy en día, uno de los factores que mejor explican la capacidad del cultivo para amortiguar los efectos de una climatología irregular y sostener su expansión en España.
Nuevas zonas productoras: expansión hacia el interior
La expansión del almendro hacia el interior peninsular —Extremadura, Castilla-La Mancha, Castilla y León o el Valle del Ebro— es una de las transformaciones más relevantes del sector. Las nuevas variedades, la disponibilidad de agua y la agricultura de precisión han permitido que el cultivo avance hacia zonas antes consideradas marginales.
“En Extremadura el cultivo está creciendo muchísimo; incluso zonas tradicionalmente dedicadas al tabaco se están transformando hacia el almendro”, señala Iglesias.
La campaña actual está poniendo a prueba esta expansión: mientras algunas zonas tradicionales han sufrido heladas severas, muchas de las nuevas áreas mantienen un potencial elevado, lo que podría contribuir a equilibrar el resultado final.
Una campaña que se reajusta, pero confirma la solidez del sector
La campaña 2025/26 no alcanzará el récord previsto, pero sí podría situarse en niveles similares a la anterior o ligeramente por encima, gracias al buen comportamiento de las zonas sin heladas y a la entrada en producción de nuevas plantaciones.
“El diseño de la plantación, la elección varietal y el manejo son claves para que el cultivo responda bien, independientemente de cómo venga el año”, concluye Iglesias.
Más allá del resultado final, el almendro continúa consolidándose como uno de los cultivos estratégicos del país, con un modelo cada vez más profesional, tecnificado y resiliente.



