El aplazamiento de la firma del acuerdo con Mercosur supone un alivio temporal para el sector español de frutas y hortalizas, que mantiene una balanza claramente deficitaria con estos países, a los que importa cinco veces más de lo que exporta.

El Acuerdo de la UE con Mercosur —Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay— finalmente no se ha firmado este fin de semana, tal y como estaba previsto, al no haberse alcanzado el consenso necesario entre los Estados miembros, tras el rechazo de países como Francia. Más allá del ámbito político, esta demora tiene una lectura directa para el sector hortofrutícola, que ve en el tratado más riesgos que oportunidades en su configuración actual.
Los datos comerciales confirman el desequilibrio existente. Entre enero y agosto de 2025, la exportación española de frutas y hortalizas frescas a Mercosur se situó en 31 millones de euros, frente a unas importaciones que alcanzaron los 161 millones de euros. Según datos del Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales, procesados por FEPEX, las exportaciones descendieron un 20,5% respecto al mismo periodo del año anterior, cuando se situaron en 39 millones de euros.
En términos de volumen, la caída fue aún más pronunciada. Hasta agosto de 2025, España exportó a los países de Mercosur 19.000 toneladas de frutas y hortalizas frescas, un 40% menos que en los ocho primeros meses de 2024, lo que pone de manifiesto el escaso dinamismo de este destino para el sector exportador español.
En sentido contrario, las importaciones continúan al alza. De enero a agosto de 2025, España importó frutas y hortalizas frescas desde Mercosur por valor de 161 millones de euros, lo que supone un incremento del 8% respecto al mismo periodo del año anterior. En volumen, las compras pasaron de 107.000 a 121.000 toneladas, un 13% más, reforzando la presión competitiva sobre el mercado comunitario.
Esta evolución no es coyuntural. En el conjunto de 2024, la exportación española de frutas y hortalizas frescas a Mercosur alcanzó las 63.000 toneladas, por un valor de 80 millones de euros, mientras que la importación se elevó a 193.000 toneladas y 248 millones de euros, consolidando una balanza comercial claramente negativa para España.
En este contexto, el aplazamiento del acuerdo concede al sector hortofrutícola un margen adicional para reclamar garantías que eviten una mayor pérdida de competitividad, especialmente en lo relativo al cumplimiento de las mismas exigencias fitosanitarias, medioambientales y laborales que se aplican a los productores europeos. Una reivindicación recurrente de un sector que, con los datos actuales, parte ya de una posición de clara desventaja.