Mujeres trabajando en el campo. Imagen: Ministerio de Agricultura de España.

Los productores de alimentos representados por ALAS reivindican su papel en la sociedad, la economía y el medioambiente

NEW HOLLAND Q4 2018 – ESP

La Alianza por una Agricultura Sostenible – ALAS – integra a las organizaciones profesionales agrarias de ámbito nacional y general, ASAJA y UPA, junto con Cooperativas Agro-alimentarias de España, FEPEX y AEAC.SV. ALAS representa a miles de agricultores, ganaderos, cooperativistas, empresarios y exportadores del sector agrario español que promueven una producción agraria sostenible, económica, social y medioambientalmente.

ALAS presenta un decálogo de realidades y retos del panorama agrario español como la viabilidad agraria, la protección y defensa del medio rural o el uso de tecnologías reguladas basadas en la ciencia.

Las asociaciones integradas en ALAS resaltan la importancia de confiar en los criterios científicos y no basar decisiones en intenciones ideológicas que puedan repercutir en el sector agrario y el conjunto de la sociedad española. Y subrayan que la Unión Europea cuenta con uno de los estándares de seguridad alimentaria más altos del mundo, en gran parte gracias al sólido conjunto de legislación vigente en la UE, que garantiza que los alimentos sean seguros para los consumidores. Según el Consejo para la Ciencia Agrícola y la Tecnología, se estima que a nivel mundial las plagas y enfermedades son las responsables de pérdidas en los cultivos, entre un 25% y un 50% dependiendo del cultivo. Las malas hierbas producen las mayores pérdidas potenciales (34%), seguidos por las plagas (16%) y los patógenos (14%).

Tener acceso a herramientas para el control de plagas, enfermedades o malas hierbas resulta esencial para la protección y optimización de los cultivos. En cuanto al uso de herramientas y técnicas tradicionales, los agricultores pueden producir alimentos para más de 46 millones de españoles, más de 80 millones de turistas al año y otros millones de consumidores que importan alimentos españoles en todo el mundo, con los métodos del pasado. Por ello, las últimas tecnologías en mejora de plantas – como es la edición de genes-, la agricultura de precisión – apoyada en la ciencia de los datos, la digitalización y el geo-posicionamiento de equipos y máquinas – que ayudan a optimizar el uso del agua, la tierra de cultivo o la aplicación de insumos como fertilizantes y fitosanitarios promueven la viabilidad de la producción agraria. La innovación y optimización de recursos han permitido, por ejemplo,

incrementar en España la media nacional de producción de una hectárea de maíz 3,5 veces, de 3,3 t/ha en la década de 1960 a 11,5 t/ha maíz en la actualidad. Este aumento no podría haberse conseguido sin la innovación soportada en el desarrollo de tecnologías y técnicas aplicadas al campo. ALAS considera que los “desarrollos tecnológicos continúan, y deben de hacerlo para asegurar la producción sostenible de alimentos”. Desde ALAS resaltan que los productos para la protección de las plantas o los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) son dos ejemplos de tecnologías plenamente reguladas, donde la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, EFSA, realiza la evaluación del riesgo soportada en la ciencia.  No existe razón alguna para confiar en la Agencia Europea de los Medicamentos (EMA) y no hacerlo en la EFSA o en otras, como la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA), que garantizan la seguridad y bienestar de la sociedad europea.

La agricultura moderna está impulsada por mejoras continuas en herramientas digitales y en la gestión de los datos, así como en la colaboración entre la industria, los agricultores y los investigadores de los sectores público y privado, a través de innovaciones que permiten que los agricultores puedan ofrecer productos más variados, demandados por los consumidores de una manera continuada, apoyada en una tecnificada logística de transporte y almacenamiento. ALAS señala en este decálogo que la innovación tecnológica y el criterio científico se han convertido en un imprescindible que permite el desarrollo de una agricultura moderna capaz de repercutir positivamente en una producción agraria sostenible, económica, social y medioambientalmente.

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